martes, 23 de marzo de 2010

alfondosubo

Ciego subiendo al fondo del abismo
gruta, guía, pozo y fin
trance en monstruo de cemento de ciudad
inundado en llamas de fuego celestial
se derriten mis manos y prisa ya no hay,
el sufrir le enseñará a volar
la cena servida, la sala vacía
sueños de espía princesa dormida
habitación llena de anhelos
vidrios rotos por niños sin rostro
jugando aceleran
empezar por el final
despierto y despierto te veo
luces vacía, luces dormida
una grieta en el tiempo
calles vacías, salas de espera en espera de muerte
llenas de miedo llenas de gente
voces calladas de angustia terminal
techos pisos paredes encogidas
prisiones de mente, bunker de soledad
bendiciones quebradas interrupciones de llanto
flores muertas sobre sábanas románticas
luces que se alejan con los pasos
paralelas eternas de inalcanzables metas
crimen de mente de frente a la vida
que espuma se riega sobre la mesa
a lavar el mantel pero ahorrar detergente
gente andando con las manos y agarrando con los pies
…como parados al revés
Mamá, ¿te puedes dormir conmigo esta noche?
el viejo por la ventana me mira y me enseña el final
pero aun estoy muy pequeño para dejar de soñar
no me desampares pero enséñame a amarrar
palabras que en desorden vuelvan a enseñar
mentes de blanco de boda sin maldad
sinceras calladas honestas sin verdad
vergüenza tacaña etílica piedad
enfermos y enfermos acompañando el baile
la pista es de arena la música de mar
pero parece que nadie aprendió nunca a nadar
y tus zapatillas sin brillar se quedaron escondidas
llenas de pena por andar
ayer me caí, ¿y te raspaste?
ayer me caí, ¿y te cortaste?
ayer me caí, ¿y te ahuevaste?
ayer me caí, ¿y qué pasó?
nada, ayer me caí
aun espero despertar
lo peor de las películas es el final
aceleró y se estrelló el casco es un condón
¿podrías nunca parar?
quisiera nunca parar
pero tienes que parar
nunca me enseñaron a manejar
entonces acelera, acelera más que nos vamos a matar

ciego subiendo corriendo vas
la espalda rota de tanto cargar
el fondo está arriba abajo no hay más
la bala perdida te debió despertar
princesa podrida y los niños se metieron
por la ventana y comienzan a jugar
a ser grandes como los grandes llenos de huecos
me asustan, me quieren violar
Mamá ¿Puedes dormir conmigo esta noche?
los niños esos se quieren vengar
lo siento pero es tu hora de actuar
afuera hay galletas cierra los ojos de nuevo y las verás
recuerdo que ciego los niños se van
gruta, guía, pozo y fin
trance en monstruo de cemento de ciudad
inundando en llamas de fuego la calle
se derriten mis manos la prisa asesina
la ansiedad suicida vestida de dicha
de placer sin piedad
gruta guía pozo y fin
cama vacía silla de hospital
la cena se quedó servida
y la voz nunca aprendió a hablar
un espejo de viento
en contravía subiendo al fondo del abismo
donde ciego te veo y seguimos subiendo
imaginando el comienzo de un nuevo final
para volver arrancar

EL EFECTO T (Fragmento)

Cuando por fin tuve la oportunidad de sentarme en una de esas sillas rojas que no son para todos quienes abordan este expreso, sino para los privilegiados, los más vivos, son trofeos que toca sudar como los de carreras de carros, comencé a observar la gente a mi alrededor, a escuchar el sonido del bus y pensé en cien negros trabajando en las calderas de algún titán trasatlántico; el ruido se mezclaba con el tipo de metro ochenta parado a mi izquierda; un yupi de unos treinta años, vestido con Arturo Calle o alguno de esos que tienen tienda en la calle, hablaba por celular con su esposa, bueno, hablaba en un comienzo, porque luego discutía sobre quién iba a recoger a los niños en el colegio y su argumento más fuerte para evitar tal labor era que tenía una reunión importantísima en media hora. Sabrá Dios si su reunión importantísima era con una puta, o si su esposa tendría una cita en quince minutos donde el peluquero o el agente de bienes raíces, entonces no supe cual de los argumentos sería más válido, todas esas preocupaciones burguesas se me hacen del mismo peso, un peso, y la gente se mata y pelea por un peso.
A mi derecha sentada se hallaba una bella mujer de unos veintisiete años, dormía de lo más cómoda soñando quién sabe con quién, mientras yo soñaba despierto con que ella fuera la madre de mis hijos, hasta sacrificaría todas mis reuniones importantes para recogerlos en el colegio sin ningún lío, o me la llevaría de viaje a la India, a esa ciudad perdida y llena de templos y esculturas referentes al Kamasutra, donde la unión sexual entre hombre y mujer es la manera de alcanzar la iluminación, el máximo estado del espíritu, nos volveríamos seres de luz y haríamos el amor día y noche, pero su respiración se mezclaba con las fanfarronadas del yupi de los tres dedos de frente y los negros al fondo seguían dándole duro a la caldera.
Adelante había tres niñitos de colegio público y oía su cotilleo. Hablaban sobre las hermosas colegialas diecisieteañeras, quienes por la presión de la multitud dentro de esta enorme lata de sardinas, tenían sus cocacolescas figuritas a menos de tres centímetros del miembro del más pequeño y gordito de los niños.
Comencé a prestarle atención a todos y cada uno de los sonidos producidos en el bus, incluyendo mi agitada respiración, ese humor del articulado causa algo que llamo el Efecto Transmilenio; una droga mecanicoambiental inducida colectiva, algo parecido a no dormir durante dos días, esa lucidez melancólica, pero acompañada de cientos de aromas y miles de ideas que galopan por tu cerebro a mil por hora y a la vez despacio, mientras afuera el mundo corre a sesenta kilómetros por hora en sentido contrario a tu destino, y cuando llegas a este termina el efecto de tal droga, la Substancia T, pero bueno luego les hablaré mejor sobre el tema.
Detrás una señora cantaba clásicos del Puma, un joven cogía las barandas del bus como tambores y platillos, el piso como bombo y sus dedos como cuatro baquetas, mientras tarareaba una canción, creo que una de los Ramones. Cada sonido entraba por mis múltiples oídos; un cadáver exquisito hecho canción, donde yo era el director y único asistente consciente de tan magnífica orquesta. Recordé cuando alguna vez siendo pequeño mi hermana me contó que cuando bailaba Techno en un After, cerraba los ojos y hacía que cada parte de su cuerpo se moviera con un sonido distinto en la canción que sonaba. Años más tarde conocí el efecto que causan las drogas sobre una persona cuando baila, esa sublimación del cuerpo y el espíritu hechos danza y entonces pude comprender las sabias palabras de mi hermana, la iluminación que producen ciertas substancias mezcladas con el baile y además que este, que a su vez tiene una carga sexual muy alta, también sirve para aproximarse a ese estado del que hablan los Hindúes; entonces no hay tal “One Way” para lograr las cosas. Comprendí el sabor de los negros quienes a su vez y paradójicamente continuaban llevando firmes y sin tregua la base rítmica de mi orquesta al son de calderas grises y rojas rodando por el asfalto Bogotano.
Las puertas del bus se abrían en cada estación como latas de Coca Cola, burbujeantes y espumosas salían las personas, toda una danza caótica, subconscientemente planeada; otras entraban buscando el mejor puesto que no existe si ya no hay sillas vacías, no faltaba el “líder” intentando poner orden donde ni el niño gordito había logrado alejarse un solo centímetro de la sexy colegiala que lo miraba mientras él, víctima de su pubertad, rojo como tomate y con sus hormonas como maíz pira en aceite hirviendo, aterrado observaba como cada vez su amigo inamputable se ponía “más feliz”. Así es como un hombre se enamora de los tumultos y llega a su hogar a desquitarse a solas con su pequeño amigo por hacerlo quedar mal. No One Way.
La orquesta comienza un crescendo infernal, mis oídos suben el volumen y aumenta mi desesperación, la canción penetra mis huesos y empiezo a buscar un elemento que le de ritmo melodioso al ruido, algo que contraste o que implante equilibrio, un director de orquesta sustituto o un instrumento de sonido celestial, una Lira angelical o la voz de la chica de mi derecha susurrándome al oído que cuando nos bajemos se irá a la India conmigo, o al menos a Cali a bailar. Busco por todas partes y no encuentro nada; a mi izquierda me repugna el yupi con su perfume de cien de los verdes comprado en Maicao a mitad de precio, su celular perdido entre sus dedos y su cara de “Soy mi dueño y único redentor” sabiendo que todo su ser depende de la subida o caída de su status dentro de su mundito falso de apariencias y engaño, mientras los niños en el colegio esperan a mamá que se las arregla para cumplir con mil y una responsabilidades en veinticuatro horas sin usar perfume de Maicao.
La hermosa madre de mis hijos a mi derecha ya está roncando y su sonido me molesta aunque la envidio porque desearía poder salirme de este estadio, de este espantoso concierto y dormir plácidamente dejándole mi destino a la alarma de los sueños para que me indique cuando debo despertar. Me da risa y pena ajena la situación complicada y placentera del gordito que empieza a rosar la falda alta de la colegiala, mientras hace disimulados movimientos púbicos mirando a sus amigos que a su vez lo ven con cara de eres mi héroe. No tengo ritmo ni motricidad para acompañar al joven baterista frustrado amante de los Ramones y lo peor está detrás mío pues no me se una maldita canción del Puma.

ORACIÓN 1

- Dios
¬ - Si niño
- ¿Es verdad que allá arriba existe el cielo?
- ¿Tu qué piensas?
- La gente dice que el cielo no es para todos
- Es una cuestión de elección niño… es una cuestión de elección
- Yo no quiero vivir siempre dentro del cielo
- ¿Por qué no niño?
- Porque si el infierno es caliente, el cielo debe ser muy frío
- (Piensa) Es una cuestión de fe
- Pero ella me dijo que la fe es como el azúcar
- ¿Como el azúcar?
- Hace más dulce lo amargo, pero es momentáneo. Qué pasa si se me acaba el azúcar para disolver en café y no tengo dinero ni fuerza para comprar más. Yo no quiero ser amargo, pero tampoco robar dulzura.
- (Silencio) Quizás desees llenarte de fe
- No me gusta la indigestión ¿Quieres saber el secreto que ella me dijo?
- ¿Quieres decírmelo?
- Si. Ella me habló de un lugar llamado “El Borde”
- ¿Y cómo es El Borde niño?
- Es un lugar con clima y sabor estándar. No muy frío, pero no muy dulce. No muy caliente,
pero no muy amargo. ¿Dios?
- Si niño.
- Quiero vivir en “El Borde”
- ¿Aunque sea muy peligroso?
- Si
- Es una cuestión de elección niño
- Si. Es una cuestión de elección Dios… es una cuestión de elección.

WONKA O PICAPIEDRA (O un reguero de palabras sobre dulces sabores, la rueda de Chicago y una silla de ruedas durante una caja de vino)

Un cenicero con colillas y babas, una caja de vino barato seudo chileno recién abierto, dos copas llenas sobre una vieja mesa de madera y un mantel de flores rojas que con el tiempo se volvieron menos rojas. Me preguntas si me gustaría ser algún personaje famoso, como Pedro Picapiedra o Willy Wonka. Tiene sus ventajas tener un solo callo como planta del pie, podría andar descalzo por los terrenos más exigentes y mis pies aguantarían cualquier empedrado camino. Por otra parte la conspiración consumista del zapato, el transporte y el mercado de cuidado y acicale para pies no surtiría algún efecto en mi. Si fuera Willy Wonka en cambio, viviría todo el tiempo navegando por dulces mundos y tendría una basta colección de zapatos de todos los sabores, me encargaría de untar con mis pasos los caminos recorridos para que sepan rico y me autoabastecería con mi propia industria Wonka de zapatos, accesorios y aderezos para pie elaborados por la división ULD (Umpa Lumpas Dulcezapateros) de mi ejercito de hombrecitos. Sería una especie de profeta y viajero del sabor y en todas partes la gente querría caminar conmigo. Me preguntas si quisiera caminar contigo cuando sea Willy Wonka, prefieres los pasos dulces que los pies hechos callo de Pedro, realmente yo también.
¿Me harías unos zapatos en forma de fresa y con sabor a chocolate?, ¿O unos bien ácidos como los dulces Atomic?, ¿Podría usar tiras de crema de Chantilly como cordones?, ¿Tener suelas de galleta inquebrable? Lleno las copas de vino y te ofrezco un brindis por los tenis de Banana Split. Cuando quieras simplemente te comes tus zapatos, Salud. Salud.
Montaríamos una banda llamada Los Wonkas y en los conciertos venderíamos CDS de anís, además obviamente de dulces y zapatos. Tendríamos nuestra propia colección para la temporada, Otoño Invierno zapatos de café, torta Wonka de queso, Lumpa Brownie con cordones de azúcar o arequipe. Primavera Verano zapatos frescos; limón, sandalias de Maracuyá playera, Zapatos Cordón Loco (Coco Loco). Nuestras canciones hablarían de enormes valles donde se cultivan los más increíbles zapatos y villas habitadas por viejitas enanas que viven en casas de dulce y sólo comen bombones. Bombones de maní, bombones de chocochicle y de manzana azul. Cientos de hectáreas plantadas con árboles de caramelo y maíz pira.
Qué pasaría si un día luego de cientos de pasos dulces la industria quiebra y tienes que aprender a caminar como Pedro. ¿No sería fácil verdad? Para nada, probablemente preferiría quedar invalido y moverme en silla de ruedas, así por lo menos rodaría sin sentir el áspero sabor del suelo. ¿Y si yo cuidara el camino para hacerlo menos áspero?, ¿Aun así preferirías privarte de la opción de caminar? Si. Ya tienes suficiente con cuidar tus pasos para también tener que cuidar los míos. Pero igual sería yo quien empujara tu silla, no siempre podrías hacerlo solo, eso también requiere mucho esfuerzo. Tienes razón, sirvamos más vino. Lo que pasa es que si llevas mi silla hallarías algo de diversión, como empujando un carrito de mercado, entonces podrías tomarlo como un juego, o al menos un pasatiempo y así ignorar la tragedia. No quiero ignorarla sino vencerla, me parece que preferiría hacerte menos amargo el camino, quizás aprendería a tejer sandalias de Liana o alguna fibra vegetal, con el tiempo hasta podríamos tener muchas de diferentes texturas y sabores naturales. No me gustan los Nazis, ¿Y a ti?. A qué viene la pregunta, estamos hablando de Pedro y Wonka, de Lianas y sillas de ruedas. Es que nunca acepté la crueldad de la historia de la película de La Vida es Bella, ¿la recuerdas? No. Un niño pasa una temporada en un campo de concentración seguro de que todo se trata de un juego, su padre le mantiene viva la ilusión todo el tiempo diciéndole que debe permanecer escondido y que si lo hace bien al final ganará un tanque de guerra como los de la vida real. El niño en medio de su infinita inocencia y devoción por su padre le hace caso cabalmente con tal suerte que gana el juego y cuando todo está en silencio sale de su escondite para encontrar un tanque de guerra como los de la vida real que se aproxima a el. Piensa que ganó el juego y está muy feliz aunque no sabe que la verdad de todo es que la guerra terminó y en el tanque lo están rescatando los aliados, obviamente tampoco sabe que su padre murió acribillado. Luego el niño se encuentra con su madre, termina la película, pero no la vida del pequeño, ¿Crees que se sintió afortunado cuando se enteró posteriormente de la verdad? Porque es imposible que viviera toda su vida en tal mentira. Pues bien, seguramente se sintió el ser más afortunado del mundo, siempre su padre fue su héroe, quien se sacrificó por el y es que seguramente sólo tenía esa salida o dejar que murieran los dos. En ese caso la fortuna justificó el engaño. Pero entonces el punto es que por más sacrificio tratando de hacerle el camino más fácil, su padre no va a regresar a la vida para abrazarlo y jamás volverá a verlo. El padre tuvo que elegir y eligió dar su vida antes que arriesgar la de su hijo, eligió no volverlo a ver y quedar en la eterna duda de si su hijo habría ganado el juego. Qué tal hubieran encontrado al niño, lo matan de una, sin mente. Ahora bien, yo se que no estamos en guerra, o bueno, es otro tipo de guerra y también se que no eres un niño, pero realmente preferiría que tu también tuvieras pies para compartir el camino y su amargura conmigo, no me gustaría andar engañada como un perrito pensando como consuelo que todo es un juego mientras se que no es así y que vamos por el mismo maldito camino donde sólo yo tengo cayo mientras tu gritas de emoción como niño en cada pendiente mientras bajamos. Necesitas recapacitar, si no hay zapatos dulces deberíamos arreglárnoslas juntos para aprender a tejer vegetales así sean de cebolla en vez de tiras de caramelo arco iris y así construir nuevas sandalias. De no ser así probablemente un día rodarías tan rápido por una bajada que yo no lograría alcanzarte y podrías chocar y morir y nunca volverías a verme, o talvez un día necesitemos huir y al no poder llevarte tenga que irme sola o decidir si morir contigo, una dura decisión. Creo que si eliges quitarte los pies cuando pierdas tus dulces zapatos y te conviertes por tu elección en un peso más para mi camino elegiría huir sola con todo el pesar del mundo, finalmente habrías podido salvarte si conservaras tus pies con cayo para correr. Me preguntas que qué pienso. Pienso que sabes mucho, pienso que nada dura para siempre, ni esta caja de vino, ni un cigarro, ni mucho menos unos zapatos dulces, ni la alegría, ningún sabor es eterno, es imposible que Wonka inventase un dulce que nunca pierda el sabor, o bueno, si es posible, pero igual el dulce se acabaría y luego el sabor también, ahí está el truco de nuestro dulce amigo, la vida no es más que una continuidad de dulces de diversos sabores. Exacto y se trata de hallarlos y disfrutarlos al máximo, sean de Brócoli o de Mora, con cayo o sin cayo lo importante es sacarle el mejor provecho a los pasos, en ese sentido considero a Pedro más dichoso, menos triste que Willy, además para algo existe la piedra Pómez, ¿No?. Definitivamente sabes mucho, que tal si vamos por más vino y cigarros, o podemos cambiar, tu eliges qué tomar ahora, ¿Vamos descalzos?. Me parece el momento apropiado cariño.
Un cenicero lleno de colillas y babas, una caja de vino barato seudo chileno a la mitad, dos copas vacías sobre una vieja mesa de madera y un mantel de flores rojas que con el tiempo se volvieron rosadas. Me preguntas si moriría por ti y luego de escuchar tu teoría sobre los pies y los pasos dulces y La Vida es Bella entiendo que la vida realmente es bella y dulce si somos capaces de compartir la desgracia y sacarle provecho. Claro, moriría por ti, como el padre del niño en la película. ¿Aun siendo consciente de que tal vez no valga la pena?. No se qué decirte, jamás sabría si valió la pena o no, ya estaría muerto, no sabría nada, me entregaría a la muerte envuelto en fe, es la fe la que me convencería de tomar la decisión entonces moriría seguro que valió la pena, mi vida es valiosa y si la di por ti seguramente valió la pena, de lo contrario sería un miserable y aunque no soy lo máximo, no me considero tan perdido. Es esa la fe ciega de la que se habla en lo que llaman amor, ¿No?. Supongo. ¿Me amas? ¿Aunque no sea capaz de dar la vida por ti? Supongo que si y no importa si no estás dispuesta a morir por mi, finalmente lo más valioso de uno es la propia vida, el problema está en cómo se volvería el camino, el sabor y los pasos para ti cuando yo te entregue mi vida, probablemente sería muy difícil hallar dulces sabores nuevamente. Es precisamente por eso que no estaría dispuesta a dar mi vida por ti, porque te dejaría con un peso enorme, una responsabilidad más y si una vida pesa, imagínate las dos, es peor que con la silla de ruedas, al menos así hablaríamos, pero si mueres por mi ya nunca podría escucharte, así que te ruego que nunca des la vida por mi, en ese caso preferiría morir contigo, el amor es cobarde y valiente, es feliz y triste, es viajar de un polo a otro en menos de una milésima de segundo, es todas la posibilidades mezcladas, es un órgano, un ser vivo, una rueda de Chicago girando y girando, un momento estás arriba y sientes vértigo y luego pum, bajas y al fondo, pero por alguna razón allí encuentras seguridad, en cambio arriba, aunque todo es más bello, sabes que si la rueda falla, mueres, así de simple, sin embargo te encanta girar e ir de un lado a otro dentro de una cabinita con alguien, arriba abajo, eso es el amor, una gigantesca rueda de Chicago. Te amo, esa es mi respuesta y quiero que esta rueda en la que vamos se desprograme y nunca se detenga, quiero girar y girar y girar por siempre contigo. Quiero Ron. Pues vamos por Ron. Quiero Ron y embriagarme junto a ti esta noche como si mañana no existieran más zapatos en el mundo, como si nos tocara elegir entre Pedro y Wonka, como si el maquinista de la rueda estuviese ebrio y acelerara el mecanismo hasta marearnos y aturdirnos de existencia, hasta que la rueda se salga de su base y vuele por los aires sin control. Vamos descalzos que hoy el camino es más dulce que nunca y si llegáramos a morir esta noche lo haríamos con los pies llenos de crema y oliendo a fresa, sin la más mínima pizca de molesto cayo a la vista y sin la vista nublada, ni alucinando a causa de la indigestión por exceso de dulce. Salud. Salud, no me preguntes nada, emborráchame de amor, como la canción.
Un cenicero atiborrado de colillas y babas, una caja vacía de vino barato seudo chileno y dos copas vacías cayendo violentamente de una vieja mesa de madera con un mantel de flores rojas que con el tiempo se volvieron blancas y pronto se untarán del más dulce polen.