Un cenicero con colillas y babas, una caja de vino barato seudo chileno recién abierto, dos copas llenas sobre una vieja mesa de madera y un mantel de flores rojas que con el tiempo se volvieron menos rojas. Me preguntas si me gustaría ser algún personaje famoso, como Pedro Picapiedra o Willy Wonka. Tiene sus ventajas tener un solo callo como planta del pie, podría andar descalzo por los terrenos más exigentes y mis pies aguantarían cualquier empedrado camino. Por otra parte la conspiración consumista del zapato, el transporte y el mercado de cuidado y acicale para pies no surtiría algún efecto en mi. Si fuera Willy Wonka en cambio, viviría todo el tiempo navegando por dulces mundos y tendría una basta colección de zapatos de todos los sabores, me encargaría de untar con mis pasos los caminos recorridos para que sepan rico y me autoabastecería con mi propia industria Wonka de zapatos, accesorios y aderezos para pie elaborados por la división ULD (Umpa Lumpas Dulcezapateros) de mi ejercito de hombrecitos. Sería una especie de profeta y viajero del sabor y en todas partes la gente querría caminar conmigo. Me preguntas si quisiera caminar contigo cuando sea Willy Wonka, prefieres los pasos dulces que los pies hechos callo de Pedro, realmente yo también.
¿Me harías unos zapatos en forma de fresa y con sabor a chocolate?, ¿O unos bien ácidos como los dulces Atomic?, ¿Podría usar tiras de crema de Chantilly como cordones?, ¿Tener suelas de galleta inquebrable? Lleno las copas de vino y te ofrezco un brindis por los tenis de Banana Split. Cuando quieras simplemente te comes tus zapatos, Salud. Salud.
Montaríamos una banda llamada Los Wonkas y en los conciertos venderíamos CDS de anís, además obviamente de dulces y zapatos. Tendríamos nuestra propia colección para la temporada, Otoño Invierno zapatos de café, torta Wonka de queso, Lumpa Brownie con cordones de azúcar o arequipe. Primavera Verano zapatos frescos; limón, sandalias de Maracuyá playera, Zapatos Cordón Loco (Coco Loco). Nuestras canciones hablarían de enormes valles donde se cultivan los más increíbles zapatos y villas habitadas por viejitas enanas que viven en casas de dulce y sólo comen bombones. Bombones de maní, bombones de chocochicle y de manzana azul. Cientos de hectáreas plantadas con árboles de caramelo y maíz pira.
Qué pasaría si un día luego de cientos de pasos dulces la industria quiebra y tienes que aprender a caminar como Pedro. ¿No sería fácil verdad? Para nada, probablemente preferiría quedar invalido y moverme en silla de ruedas, así por lo menos rodaría sin sentir el áspero sabor del suelo. ¿Y si yo cuidara el camino para hacerlo menos áspero?, ¿Aun así preferirías privarte de la opción de caminar? Si. Ya tienes suficiente con cuidar tus pasos para también tener que cuidar los míos. Pero igual sería yo quien empujara tu silla, no siempre podrías hacerlo solo, eso también requiere mucho esfuerzo. Tienes razón, sirvamos más vino. Lo que pasa es que si llevas mi silla hallarías algo de diversión, como empujando un carrito de mercado, entonces podrías tomarlo como un juego, o al menos un pasatiempo y así ignorar la tragedia. No quiero ignorarla sino vencerla, me parece que preferiría hacerte menos amargo el camino, quizás aprendería a tejer sandalias de Liana o alguna fibra vegetal, con el tiempo hasta podríamos tener muchas de diferentes texturas y sabores naturales. No me gustan los Nazis, ¿Y a ti?. A qué viene la pregunta, estamos hablando de Pedro y Wonka, de Lianas y sillas de ruedas. Es que nunca acepté la crueldad de la historia de la película de La Vida es Bella, ¿la recuerdas? No. Un niño pasa una temporada en un campo de concentración seguro de que todo se trata de un juego, su padre le mantiene viva la ilusión todo el tiempo diciéndole que debe permanecer escondido y que si lo hace bien al final ganará un tanque de guerra como los de la vida real. El niño en medio de su infinita inocencia y devoción por su padre le hace caso cabalmente con tal suerte que gana el juego y cuando todo está en silencio sale de su escondite para encontrar un tanque de guerra como los de la vida real que se aproxima a el. Piensa que ganó el juego y está muy feliz aunque no sabe que la verdad de todo es que la guerra terminó y en el tanque lo están rescatando los aliados, obviamente tampoco sabe que su padre murió acribillado. Luego el niño se encuentra con su madre, termina la película, pero no la vida del pequeño, ¿Crees que se sintió afortunado cuando se enteró posteriormente de la verdad? Porque es imposible que viviera toda su vida en tal mentira. Pues bien, seguramente se sintió el ser más afortunado del mundo, siempre su padre fue su héroe, quien se sacrificó por el y es que seguramente sólo tenía esa salida o dejar que murieran los dos. En ese caso la fortuna justificó el engaño. Pero entonces el punto es que por más sacrificio tratando de hacerle el camino más fácil, su padre no va a regresar a la vida para abrazarlo y jamás volverá a verlo. El padre tuvo que elegir y eligió dar su vida antes que arriesgar la de su hijo, eligió no volverlo a ver y quedar en la eterna duda de si su hijo habría ganado el juego. Qué tal hubieran encontrado al niño, lo matan de una, sin mente. Ahora bien, yo se que no estamos en guerra, o bueno, es otro tipo de guerra y también se que no eres un niño, pero realmente preferiría que tu también tuvieras pies para compartir el camino y su amargura conmigo, no me gustaría andar engañada como un perrito pensando como consuelo que todo es un juego mientras se que no es así y que vamos por el mismo maldito camino donde sólo yo tengo cayo mientras tu gritas de emoción como niño en cada pendiente mientras bajamos. Necesitas recapacitar, si no hay zapatos dulces deberíamos arreglárnoslas juntos para aprender a tejer vegetales así sean de cebolla en vez de tiras de caramelo arco iris y así construir nuevas sandalias. De no ser así probablemente un día rodarías tan rápido por una bajada que yo no lograría alcanzarte y podrías chocar y morir y nunca volverías a verme, o talvez un día necesitemos huir y al no poder llevarte tenga que irme sola o decidir si morir contigo, una dura decisión. Creo que si eliges quitarte los pies cuando pierdas tus dulces zapatos y te conviertes por tu elección en un peso más para mi camino elegiría huir sola con todo el pesar del mundo, finalmente habrías podido salvarte si conservaras tus pies con cayo para correr. Me preguntas que qué pienso. Pienso que sabes mucho, pienso que nada dura para siempre, ni esta caja de vino, ni un cigarro, ni mucho menos unos zapatos dulces, ni la alegría, ningún sabor es eterno, es imposible que Wonka inventase un dulce que nunca pierda el sabor, o bueno, si es posible, pero igual el dulce se acabaría y luego el sabor también, ahí está el truco de nuestro dulce amigo, la vida no es más que una continuidad de dulces de diversos sabores. Exacto y se trata de hallarlos y disfrutarlos al máximo, sean de Brócoli o de Mora, con cayo o sin cayo lo importante es sacarle el mejor provecho a los pasos, en ese sentido considero a Pedro más dichoso, menos triste que Willy, además para algo existe la piedra Pómez, ¿No?. Definitivamente sabes mucho, que tal si vamos por más vino y cigarros, o podemos cambiar, tu eliges qué tomar ahora, ¿Vamos descalzos?. Me parece el momento apropiado cariño.
Un cenicero lleno de colillas y babas, una caja de vino barato seudo chileno a la mitad, dos copas vacías sobre una vieja mesa de madera y un mantel de flores rojas que con el tiempo se volvieron rosadas. Me preguntas si moriría por ti y luego de escuchar tu teoría sobre los pies y los pasos dulces y La Vida es Bella entiendo que la vida realmente es bella y dulce si somos capaces de compartir la desgracia y sacarle provecho. Claro, moriría por ti, como el padre del niño en la película. ¿Aun siendo consciente de que tal vez no valga la pena?. No se qué decirte, jamás sabría si valió la pena o no, ya estaría muerto, no sabría nada, me entregaría a la muerte envuelto en fe, es la fe la que me convencería de tomar la decisión entonces moriría seguro que valió la pena, mi vida es valiosa y si la di por ti seguramente valió la pena, de lo contrario sería un miserable y aunque no soy lo máximo, no me considero tan perdido. Es esa la fe ciega de la que se habla en lo que llaman amor, ¿No?. Supongo. ¿Me amas? ¿Aunque no sea capaz de dar la vida por ti? Supongo que si y no importa si no estás dispuesta a morir por mi, finalmente lo más valioso de uno es la propia vida, el problema está en cómo se volvería el camino, el sabor y los pasos para ti cuando yo te entregue mi vida, probablemente sería muy difícil hallar dulces sabores nuevamente. Es precisamente por eso que no estaría dispuesta a dar mi vida por ti, porque te dejaría con un peso enorme, una responsabilidad más y si una vida pesa, imagínate las dos, es peor que con la silla de ruedas, al menos así hablaríamos, pero si mueres por mi ya nunca podría escucharte, así que te ruego que nunca des la vida por mi, en ese caso preferiría morir contigo, el amor es cobarde y valiente, es feliz y triste, es viajar de un polo a otro en menos de una milésima de segundo, es todas la posibilidades mezcladas, es un órgano, un ser vivo, una rueda de Chicago girando y girando, un momento estás arriba y sientes vértigo y luego pum, bajas y al fondo, pero por alguna razón allí encuentras seguridad, en cambio arriba, aunque todo es más bello, sabes que si la rueda falla, mueres, así de simple, sin embargo te encanta girar e ir de un lado a otro dentro de una cabinita con alguien, arriba abajo, eso es el amor, una gigantesca rueda de Chicago. Te amo, esa es mi respuesta y quiero que esta rueda en la que vamos se desprograme y nunca se detenga, quiero girar y girar y girar por siempre contigo. Quiero Ron. Pues vamos por Ron. Quiero Ron y embriagarme junto a ti esta noche como si mañana no existieran más zapatos en el mundo, como si nos tocara elegir entre Pedro y Wonka, como si el maquinista de la rueda estuviese ebrio y acelerara el mecanismo hasta marearnos y aturdirnos de existencia, hasta que la rueda se salga de su base y vuele por los aires sin control. Vamos descalzos que hoy el camino es más dulce que nunca y si llegáramos a morir esta noche lo haríamos con los pies llenos de crema y oliendo a fresa, sin la más mínima pizca de molesto cayo a la vista y sin la vista nublada, ni alucinando a causa de la indigestión por exceso de dulce. Salud. Salud, no me preguntes nada, emborráchame de amor, como la canción.
Un cenicero atiborrado de colillas y babas, una caja vacía de vino barato seudo chileno y dos copas vacías cayendo violentamente de una vieja mesa de madera con un mantel de flores rojas que con el tiempo se volvieron blancas y pronto se untarán del más dulce polen.
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lo amé.
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