Como va una hoja cayendo de la copa del árbol más alto, impulsada sólo por la más leve brisa de alguna estación; incauta, hacia ninguna parte, bailando entregada a la nada. Así mismo va la vida despreocupada, sólo es, tan desapercibida que cualquier cosa la toca, tan soñadora que cualquier grano de polvo la afecta, tan inocente que cualquier fuerte viento o gota de lluvia la clava para siempre en el asfalto, la inunda y comienza a secarse lentamente hasta morir. No importa, millones de hojas caen cada día, millones nacen o siguen vivas, atadas a un tallo y cuando al fin logran desprenderse no vuelan, aunque lo desean, simplemente se dejan caer y se van lentamente, impulsadas siempre por esa misma brisa que anhelaban sin conocer. Entonces ya no podrán volver atrás, no serán nunca más parte activa de tan preciado árbol; sólo se entregarán a la más sublime y despiadada melancolía y así, aunque casi libres, planeando y danzando con la brisa van cayendo segundo a segundo hasta morir víctimas del viento que quisieron con nostalgia desde que fueron conscientes de poder volar con él; con dicha de lo que alguna vez soñaron, con dicha de lo que al final vivieron, con desdicha porque ya murieron.
Nada importa, es un ciclo, una cae y otra nace, sólo son cuatro las estaciones, después de eso no son más que hojas insignificantes en un árbol que mueren sabiendo que pronto volverá la Primavera.
martes, 29 de diciembre de 2009
ONCE AM
Por fin es jueves otra vez, esta semana se me hizo más larga que las diez anteriores, debe ser porque ya me he acostumbrado a verla y se me pasa el tiempo más despacio cuando no lo hago; como un vicio que empieza por comerse la memoria ajena a los momentos en que la veo, luego se come las horas y hasta las ganas de hacer cosas que antes hacía y ya no les veo gracia.
Ya debe estar por aparecerse, con sus gafas de sol y esa camiseta blanca vuelta nada, cuello V, con un ojo gigante pintado con Sharpie en el estómago seguramente por ella; ese ojo que parece que todo el tiempo mirara desorbitado, solitario, como desde el otro lado de un vidrio. Terminé por acostumbrarme a verla con esa camiseta, ya no me la imagino con otra, como tampoco me la imagino sin ese jean gris que alguna vez seguramente fue negro. No me imagino lo que debe ver el ojo.
Ya van más de tres meses y aún no me atrevo a hablarle, me consume la inseguridad, entonces me conformo con sentarme en el parque de la independencia y verla pasar, jueves y domingo, siempre a las once de la mañana. Duré un mes yendo de lunes a domingo hasta descubrir que sólo iba tales días; siempre con su camiseta de ojo y su jean gris, sus tenis blancos y su pelo negro desordenado, como si apenas acabara de salir del más profundo sueño. Se sienta en el pasto, abre su bolso y saca un cuadernito de esos chiquitos argollados, comienza a escribir, a rayar, comienza a fumar con ansiedad. Una vez le conté veintitrés cigarros en hora y media, luego saca una botella de brandy ya empezada, toma como fuma hasta quedar ebria, lo noto porque siempre mueve igual la cabeza cuando esta borracha, como haciendo círculos, como estirando el cuello, como preparándose para la batalla, entonces, cuando ya se ha sacado suficientes yucas, comienza a arrugar las hojas donde escribió, desesperada aunque muy metódica hace una gran bola de papel, la mete en su bolso y rompe en llanto, como si su madre acabara de morir frente a ella, llora desesperada aunque en admirable silencio, tensiona los dedos, las manos y se comienza como a rasguñar las piernas, luego se rasca la cabeza y se hala el pelo hasta que termina tumbada en el piso, boca arriba mirando al cielo o no se a donde, porque nunca se quita las gafas, ni siquiera cuando llueve. Luego de unos quince minutos se pone en pie, dura unos segundos recobrando la estabilidad y cuando casi lo logra, comienza a correr siempre en la misma dirección, siempre hacia la plaza de toros, sube a la quinta por los lados del carrusel y desaparece de mi vista.
La primera vez que la vi fue mera casualidad; yo estaba ahí tumbado en el pasto, sin hacer nada, jueves once de la mañana, pensando en que el día estaba tan frío y oscuro que sólo daban ganas de tirarse desde el último piso del Colpatria apuntando a caer encima del CAI; de pronto llegó y se sentó ahí abajito, donde siempre se sienta y comenzó su ritual autodestructivo. Inmediatamente me quedé anclado a su miseria y ahora vengo cada jueves y domingo a la misma hora, me sitúo a una distancia prudente, suficientemente lejos y casi imperceptible para que no se sienta observada y lo suficientemente cerca para alcanzar a verle el esmalte de las uñas y saber que se las come y saber que lo que fuma es Lucky Strike, aunque parece una chica sin suerte. Entonces me quedo ahí hasta que se va, a veces el programa dura hasta dos horas en las que me voy volando con el humo que sale de sus pulmones, esperando inhalar un poco de su angustia. Aún no le cuento a nadie sobre esta obsesión, quiero que sea sólo mía, además para qué intoxicar con sus restos a alguien mas. Simplemente me escapo y me vengo a imaginar qué diablos es lo que le pasa, por qué siempre hace todo tan igual, por qué no le gusta lo que escribe, por qué siempre brandy empezado, por qué siempre la misma ropa, por qué Lucky Strike si está tan arruinada, por qué no se corta el pelo o deja de halárselo con tanta fuerza, por qué solo viene esos días y por qué tan religiosamente siempre a la misma hora, por qué carajos no se quita las gafas nunca, ni cuando llueve, a veces pienso que tal vez le falta un ojo y es el que pintó en su camiseta; por qué un ojo, por qué llora en silencio, por qué no grita mejor, por qué huye corriendo luego de mirar al cielo, por qué se emborracha si sabe que va a llorar, por qué no deja la bola de papel ahí botada si no la quiere, para que yo pueda saber qué es lo que tanto raya en su cuadernito, por qué siempre sola, por qué siempre el mismo lugar y sobre todas las cosas, por que aún no me decido a preguntarle por qué.
Los días que no viene pasan lentos y aburridos, sólo pienso en qué estará haciendo, en si siempre llora, en si ya sus ojos se secaron y ahora llora su camiseta, pienso de qué manera voy a comenzar a hablarle la próxima vez que la vea, qué palabras debo usar y hasta cómo la debo mirar. Sueño con ella, todo el día pienso en ella, me he alejado de mis amigos y ya no le hallo sentido a los días. Una noche soñé que ella estaba en su cuarto, éste a su vez estaba lleno de bolas enormes de papel cuadriculado y miles de ojos pintados en las paredes como por un niño de cuatro años, sonaba una cancioncita de fondo, como un acordeón, o un violín o algo así y entonces sacaba de su bolso una botella enorme y transparente, tomaba y tomaba pero no parecía ebria, luego comenzaba a bailar regando liquido en las bolas de papel, comenzaba a bañarse en el contenido de la botella y cuando este se acababa por completo, sacaba de su bolso un encendedor y totalmente inexpresiva, se prendía fuego.
Faltan cinco para las once, me sorprende su puntualidad, esa disciplina en la tragedia, a veces también pienso que tal vez esa sea su dicha, que no es como todos y que en realidad es feliz y lo que para uno es desesperación mortal, para ella puede ser la más deliciosa y plena de las experiencias, su ratico más alegre y liberador; de ser así quiero que me enseñe a ser feliz, pero que por favor me deje mirar por ese ojo hacia adentro.
La última vez, mientras ella escribía me di una vuelta al parque para pasarle al frente y llamar su atención, provocar, por qué no, una conversación, aunque fuese un cruce de palabras, cualquier cosa que me indicara algo más, saber a que huele, además de a cigarro y alcohol, hasta compré un dulce ácido para ofrecerle, estoy seguro que prefiere ácido que dulce, también compré media botella de brandy por si se daba la casualidad de poder decir que tenemos un gusto en común. A medida que iba acercándome, el corazón comenzaba a contraerse en mi pecho y retumbaba en mis sienes como un tambor africano, sudor frío recorría mi frente y mi cigarro se consumía más rápido que siempre, sin embargo iba más decidido que nunca. Cuando llegue a escasos dos metros de ella, me detuve, era el momento de la verdad, entonces se puso de pie, recobró la estabilidad, se detuvo unos diez segundos que parecieron años y se quedo mirándome fijamente tras esos lentes negros como seguramente lo es su corazón. Yo me quedé petrificado, no podía moverme y sólo me repetía hacia adentro lo estúpido que me debía estar viendo, mientras pensaba algo astuto para decir, pero nada surgió, ella siguió totalmente inexpresiva, giró y salió corriendo como siempre, maldita sea y yo no pude moverme durante un minuto. Luego me compuse y me comí el dulce ácido, me tumbe donde ella lo hacía y me embriague tomándome el brandy en diez minutos, a ver si veía algo más, a ver si me daba por llorar y rasgarme las vestiduras, a ver si se me antojaba arrancarme el pelo, pero nada pasó, simplemente estaba ahí, ebrio un jueves al medio día. Sintiéndome más estúpido que de costumbre cuando la espiaba, me levanté y me fui hablando solo por la séptima, asegurándome jamás volver a verla, ignorar tanto misterio suyo que me absorbía y me hacía querer descubrirla, olvidarme de su cara muerta, de su pelo, de sus uñas mordidas, de sus gafas, de su pantalón gastado y de su maldita camiseta del ojo aislado. A mí qué me importa si se fuma dos paquetes de Lucky Strike y aún se siente desgraciada, qué me importa si el brandy incendia sus venas, si se arranca todo el pelo y lo hace marañas y lo mete al bolso. Que se pudra, que se riegue alcohol y se prenda, que llore hasta ahogarse en su maldito llanto, pero que por favor me devuelva mi vida, mi seguridad, mi cordura, que por favor me reciba miseria de vuelta, ya respiré demasiada de la suya, ya creo que en cualquier momento voy a estallar y de mi van a salir miles de bolas de papel cuadriculado, ya no más, ya estuvo bien, tuve una sobredosis de su angustia y a ella sólo le importa embriagarse, llorar y salir corriendo. Si, ahora si creo que se siente feliz, o por lo menos libre.
Como un adicto irremediable, al otro día sentí más deseos de verla que nunca, me dolía el cuerpo y no era precisamente guayabo, fue mi día más largo y trágico, un síndrome de abstinencia a causa de su ausencia y aquí estoy otra vez, esperando una nueva dosis, ahí viene, once en punto, hoy estoy decidido a seguirla hasta donde vaya, hasta su cama si es posible, pero ya no aguanto más sin saber lo que esconde y por qué me atrae tanto.
Ahí está, comenzó la función sacó su cuadernito y esta escribiendo, o dibujando mamarrachos, hasta me intriga como mueve el esfero, como si fuera a hacerle una incisión al papel, tan abstraída en su labor que pareciera que no oye ni ve ni entiende que hay un mundo a su alrededor, entregada totalmente a su tarea de sufrimiento y redención. Yo enciendo un cigarro, últimamente estoy fumando Lucky Strike, a ver si me siento afortunado de verla, tal vez deba fumar más para tener la fortuna de oírla, tal vez ella enloqueció porque su amado jamás llego a encontrarla en el parque de la independencia a las once de la mañana como habían acordado y desde entonces viene como vestía aquel día y se pone a escribirle cartitas de amor y deseo, de llévame lejos, de me siento sola y desafortunada, de me voy a embriagar hasta morirme si no vienes ya y cuando se da cuenta que esta ebria y que su amado desapareció para siempre, entonces desespera y huye corriendo sabe Dios a dónde. También he contemplado la posibilidad de regalarle algún sedante, o Valium, pues pienso que lo que tiene puede ser Delirium Tremens por problemas con el alcohol y esto la lleva a alucinar, temblar y tener ese extraño comportamiento, por eso intenta escribir o dibujar hasta darse cuenta que esta jodida, entonces no aguanta más y comienza a beber nuevamente. Tal vez sea eso, además el Delirium Tremens lo relacionan ocasionalmente con la activación del tercer ojo y la visión de seres del bajo astral, probablemente ella enloqueció de alcohol o de espíritu y ve cosas que nadie más puede ver, seres mágicos y oscuros que le generan el más despiadado temor, entonces intenta reproducirlos y no lo logra, así que se embriaga para olvidarlos y no lo logra, entonces desespera y huye antes que la descubran y logren alcanzarla, por eso el ojo en su camiseta, para estar siempre alerta de aquellas criaturas que pretenden hacerle daño y traerle dolor y odio. Eso es, tal vez lo mejor sea que la próxima vez le traiga Valium.
Ya explotó, está haciendo la bola que meterá en el bolso, ahora enloquecerá progresivamente. Es tan predecible, siento que la conozco de toda la vida, que podría mirarla y decirle en que posición le gusta dormir cuando logra dormir, pero a la vez siento que lo que guarda es más oscuro y profundo que cualquier teoría que yo pudiera formular.
Ya ha pasado un buen rato, lleva dieciocho cigarros y queda menos de la mitad del brandy en la botella, pero hace un buen rato se quedo ahí acostada como cuando mira al techo, pero no se mueve y lleva más tiempo de lo normal. Me pregunto si estará bien, si necesitará algo; que pregunta más estúpida, obviamente todos necesitamos algo, pero quién me creo para llegar de un momento a otro y aparecerme en su vida a darle soluciones que tal vez conoce pero deja de lado, quién me ha dicho a mi que se siente mal en su situación, por qué nos acostumbramos a pensar que podemos llegar a mejorarle la vida a las personas que no nos han pedido nada, por qué no mejor dejar de dármelas de superhéroe y dedicarme a recuperar mi estabilidad, ya pesa mucho mi vida como para echarme otra encima.
Por qué no se levanta, ya era hora de que se hubiese puesto en pie tambaleándose, pero nada, nada pasa, ni enciende otro cigarro, ni toma otro trago, eso sólo puede significar que esta muerta o dormida, no se cual es preferible. Lo mejor será que deje mi inseguridad de lado y me acerque a cerciorarme que por lo menos respira, si es que no le voy a hablar, pero tal vez esta sea la oportunidad de simplemente dejarme caer junto a ella y esperar a que despierte, me vea al lado y me invite un trago, entonces le diré que la amo o que me lleve muy lejos, muy al fondo de su desgracia. Me queda un cigarro, lo enciendo haber si me da ese golpe de suerte que necesito.
Dos pasos más y llego a ella; listo, acá estoy, no se mueve pero está respirando, qué hago, maldita indecisión, le quito la botella de la mano y tomo un trago para calentarme o mejor me acuesto junto a ella como pensaba. Un momento, también puedo despertarla e inventarme una historia para hablarle, o puedo quitarle las gafas lentamente y ver si sólo tiene un ojo. Tiene el bolso ahí al lado, es el momento perfecto para abrirlo cautelosamente e inspeccionar su interior, ver qué tanto es lo que guarda allí. Alguna vez alguien me dijo que una mujer se conoce por su manera de caminar y por lo que guarda en su bolso, el de ella debe estar lleno de papeles rayados quién sabe con qué, de paquetes vacíos de Lucky Strike, pura suerte vacía, también debe guardar fuego y miles de oscuros pensamientos comprimidos en bolas cuadriculadas de papel, seguramente llevará un cuchillo, o algún tipo de arma, no creo que tenga celular, no parece creer en la comunicación, mucho menos en el tiempo.
Me gustaría acostarme junto a ella y sentir algo de lo que ella siente, más cerquita, por una última vez soñar y esta vez verme en su cuarto, rodeado de miles de bolas de papel, todos esos ojos amorfos mirándome como atravesando el vidrio que los ausenta, acercándose, acechándome cada vez más, entonces entra ella y me brinda un largo trago de su botella, tomo y tomo hasta sentirme medio intoxicado, luego ella hace lo mismo y comenzamos a bailar, regando líquido por todo el cuarto y sobre nuestros cuerpos hasta vaciar la botella, entonces, saca un encendedor, me mira fijamente y por primera y última vez me sonríe antes de prendernos fuego y consumirnos para siempre.
Si su destino es llenar su bolso de desgracia e intoxicar el aire de miseria; si mi destino es respirar aire tóxico y seguir pudriéndome de angustia, prefiero ser bala antes que blanco, prefiero botarme del ultimo piso del Colpatria y estallarme contra el CAI.
Ya debe estar por aparecerse, con sus gafas de sol y esa camiseta blanca vuelta nada, cuello V, con un ojo gigante pintado con Sharpie en el estómago seguramente por ella; ese ojo que parece que todo el tiempo mirara desorbitado, solitario, como desde el otro lado de un vidrio. Terminé por acostumbrarme a verla con esa camiseta, ya no me la imagino con otra, como tampoco me la imagino sin ese jean gris que alguna vez seguramente fue negro. No me imagino lo que debe ver el ojo.
Ya van más de tres meses y aún no me atrevo a hablarle, me consume la inseguridad, entonces me conformo con sentarme en el parque de la independencia y verla pasar, jueves y domingo, siempre a las once de la mañana. Duré un mes yendo de lunes a domingo hasta descubrir que sólo iba tales días; siempre con su camiseta de ojo y su jean gris, sus tenis blancos y su pelo negro desordenado, como si apenas acabara de salir del más profundo sueño. Se sienta en el pasto, abre su bolso y saca un cuadernito de esos chiquitos argollados, comienza a escribir, a rayar, comienza a fumar con ansiedad. Una vez le conté veintitrés cigarros en hora y media, luego saca una botella de brandy ya empezada, toma como fuma hasta quedar ebria, lo noto porque siempre mueve igual la cabeza cuando esta borracha, como haciendo círculos, como estirando el cuello, como preparándose para la batalla, entonces, cuando ya se ha sacado suficientes yucas, comienza a arrugar las hojas donde escribió, desesperada aunque muy metódica hace una gran bola de papel, la mete en su bolso y rompe en llanto, como si su madre acabara de morir frente a ella, llora desesperada aunque en admirable silencio, tensiona los dedos, las manos y se comienza como a rasguñar las piernas, luego se rasca la cabeza y se hala el pelo hasta que termina tumbada en el piso, boca arriba mirando al cielo o no se a donde, porque nunca se quita las gafas, ni siquiera cuando llueve. Luego de unos quince minutos se pone en pie, dura unos segundos recobrando la estabilidad y cuando casi lo logra, comienza a correr siempre en la misma dirección, siempre hacia la plaza de toros, sube a la quinta por los lados del carrusel y desaparece de mi vista.
La primera vez que la vi fue mera casualidad; yo estaba ahí tumbado en el pasto, sin hacer nada, jueves once de la mañana, pensando en que el día estaba tan frío y oscuro que sólo daban ganas de tirarse desde el último piso del Colpatria apuntando a caer encima del CAI; de pronto llegó y se sentó ahí abajito, donde siempre se sienta y comenzó su ritual autodestructivo. Inmediatamente me quedé anclado a su miseria y ahora vengo cada jueves y domingo a la misma hora, me sitúo a una distancia prudente, suficientemente lejos y casi imperceptible para que no se sienta observada y lo suficientemente cerca para alcanzar a verle el esmalte de las uñas y saber que se las come y saber que lo que fuma es Lucky Strike, aunque parece una chica sin suerte. Entonces me quedo ahí hasta que se va, a veces el programa dura hasta dos horas en las que me voy volando con el humo que sale de sus pulmones, esperando inhalar un poco de su angustia. Aún no le cuento a nadie sobre esta obsesión, quiero que sea sólo mía, además para qué intoxicar con sus restos a alguien mas. Simplemente me escapo y me vengo a imaginar qué diablos es lo que le pasa, por qué siempre hace todo tan igual, por qué no le gusta lo que escribe, por qué siempre brandy empezado, por qué siempre la misma ropa, por qué Lucky Strike si está tan arruinada, por qué no se corta el pelo o deja de halárselo con tanta fuerza, por qué solo viene esos días y por qué tan religiosamente siempre a la misma hora, por qué carajos no se quita las gafas nunca, ni cuando llueve, a veces pienso que tal vez le falta un ojo y es el que pintó en su camiseta; por qué un ojo, por qué llora en silencio, por qué no grita mejor, por qué huye corriendo luego de mirar al cielo, por qué se emborracha si sabe que va a llorar, por qué no deja la bola de papel ahí botada si no la quiere, para que yo pueda saber qué es lo que tanto raya en su cuadernito, por qué siempre sola, por qué siempre el mismo lugar y sobre todas las cosas, por que aún no me decido a preguntarle por qué.
Los días que no viene pasan lentos y aburridos, sólo pienso en qué estará haciendo, en si siempre llora, en si ya sus ojos se secaron y ahora llora su camiseta, pienso de qué manera voy a comenzar a hablarle la próxima vez que la vea, qué palabras debo usar y hasta cómo la debo mirar. Sueño con ella, todo el día pienso en ella, me he alejado de mis amigos y ya no le hallo sentido a los días. Una noche soñé que ella estaba en su cuarto, éste a su vez estaba lleno de bolas enormes de papel cuadriculado y miles de ojos pintados en las paredes como por un niño de cuatro años, sonaba una cancioncita de fondo, como un acordeón, o un violín o algo así y entonces sacaba de su bolso una botella enorme y transparente, tomaba y tomaba pero no parecía ebria, luego comenzaba a bailar regando liquido en las bolas de papel, comenzaba a bañarse en el contenido de la botella y cuando este se acababa por completo, sacaba de su bolso un encendedor y totalmente inexpresiva, se prendía fuego.
Faltan cinco para las once, me sorprende su puntualidad, esa disciplina en la tragedia, a veces también pienso que tal vez esa sea su dicha, que no es como todos y que en realidad es feliz y lo que para uno es desesperación mortal, para ella puede ser la más deliciosa y plena de las experiencias, su ratico más alegre y liberador; de ser así quiero que me enseñe a ser feliz, pero que por favor me deje mirar por ese ojo hacia adentro.
La última vez, mientras ella escribía me di una vuelta al parque para pasarle al frente y llamar su atención, provocar, por qué no, una conversación, aunque fuese un cruce de palabras, cualquier cosa que me indicara algo más, saber a que huele, además de a cigarro y alcohol, hasta compré un dulce ácido para ofrecerle, estoy seguro que prefiere ácido que dulce, también compré media botella de brandy por si se daba la casualidad de poder decir que tenemos un gusto en común. A medida que iba acercándome, el corazón comenzaba a contraerse en mi pecho y retumbaba en mis sienes como un tambor africano, sudor frío recorría mi frente y mi cigarro se consumía más rápido que siempre, sin embargo iba más decidido que nunca. Cuando llegue a escasos dos metros de ella, me detuve, era el momento de la verdad, entonces se puso de pie, recobró la estabilidad, se detuvo unos diez segundos que parecieron años y se quedo mirándome fijamente tras esos lentes negros como seguramente lo es su corazón. Yo me quedé petrificado, no podía moverme y sólo me repetía hacia adentro lo estúpido que me debía estar viendo, mientras pensaba algo astuto para decir, pero nada surgió, ella siguió totalmente inexpresiva, giró y salió corriendo como siempre, maldita sea y yo no pude moverme durante un minuto. Luego me compuse y me comí el dulce ácido, me tumbe donde ella lo hacía y me embriague tomándome el brandy en diez minutos, a ver si veía algo más, a ver si me daba por llorar y rasgarme las vestiduras, a ver si se me antojaba arrancarme el pelo, pero nada pasó, simplemente estaba ahí, ebrio un jueves al medio día. Sintiéndome más estúpido que de costumbre cuando la espiaba, me levanté y me fui hablando solo por la séptima, asegurándome jamás volver a verla, ignorar tanto misterio suyo que me absorbía y me hacía querer descubrirla, olvidarme de su cara muerta, de su pelo, de sus uñas mordidas, de sus gafas, de su pantalón gastado y de su maldita camiseta del ojo aislado. A mí qué me importa si se fuma dos paquetes de Lucky Strike y aún se siente desgraciada, qué me importa si el brandy incendia sus venas, si se arranca todo el pelo y lo hace marañas y lo mete al bolso. Que se pudra, que se riegue alcohol y se prenda, que llore hasta ahogarse en su maldito llanto, pero que por favor me devuelva mi vida, mi seguridad, mi cordura, que por favor me reciba miseria de vuelta, ya respiré demasiada de la suya, ya creo que en cualquier momento voy a estallar y de mi van a salir miles de bolas de papel cuadriculado, ya no más, ya estuvo bien, tuve una sobredosis de su angustia y a ella sólo le importa embriagarse, llorar y salir corriendo. Si, ahora si creo que se siente feliz, o por lo menos libre.
Como un adicto irremediable, al otro día sentí más deseos de verla que nunca, me dolía el cuerpo y no era precisamente guayabo, fue mi día más largo y trágico, un síndrome de abstinencia a causa de su ausencia y aquí estoy otra vez, esperando una nueva dosis, ahí viene, once en punto, hoy estoy decidido a seguirla hasta donde vaya, hasta su cama si es posible, pero ya no aguanto más sin saber lo que esconde y por qué me atrae tanto.
Ahí está, comenzó la función sacó su cuadernito y esta escribiendo, o dibujando mamarrachos, hasta me intriga como mueve el esfero, como si fuera a hacerle una incisión al papel, tan abstraída en su labor que pareciera que no oye ni ve ni entiende que hay un mundo a su alrededor, entregada totalmente a su tarea de sufrimiento y redención. Yo enciendo un cigarro, últimamente estoy fumando Lucky Strike, a ver si me siento afortunado de verla, tal vez deba fumar más para tener la fortuna de oírla, tal vez ella enloqueció porque su amado jamás llego a encontrarla en el parque de la independencia a las once de la mañana como habían acordado y desde entonces viene como vestía aquel día y se pone a escribirle cartitas de amor y deseo, de llévame lejos, de me siento sola y desafortunada, de me voy a embriagar hasta morirme si no vienes ya y cuando se da cuenta que esta ebria y que su amado desapareció para siempre, entonces desespera y huye corriendo sabe Dios a dónde. También he contemplado la posibilidad de regalarle algún sedante, o Valium, pues pienso que lo que tiene puede ser Delirium Tremens por problemas con el alcohol y esto la lleva a alucinar, temblar y tener ese extraño comportamiento, por eso intenta escribir o dibujar hasta darse cuenta que esta jodida, entonces no aguanta más y comienza a beber nuevamente. Tal vez sea eso, además el Delirium Tremens lo relacionan ocasionalmente con la activación del tercer ojo y la visión de seres del bajo astral, probablemente ella enloqueció de alcohol o de espíritu y ve cosas que nadie más puede ver, seres mágicos y oscuros que le generan el más despiadado temor, entonces intenta reproducirlos y no lo logra, así que se embriaga para olvidarlos y no lo logra, entonces desespera y huye antes que la descubran y logren alcanzarla, por eso el ojo en su camiseta, para estar siempre alerta de aquellas criaturas que pretenden hacerle daño y traerle dolor y odio. Eso es, tal vez lo mejor sea que la próxima vez le traiga Valium.
Ya explotó, está haciendo la bola que meterá en el bolso, ahora enloquecerá progresivamente. Es tan predecible, siento que la conozco de toda la vida, que podría mirarla y decirle en que posición le gusta dormir cuando logra dormir, pero a la vez siento que lo que guarda es más oscuro y profundo que cualquier teoría que yo pudiera formular.
Ya ha pasado un buen rato, lleva dieciocho cigarros y queda menos de la mitad del brandy en la botella, pero hace un buen rato se quedo ahí acostada como cuando mira al techo, pero no se mueve y lleva más tiempo de lo normal. Me pregunto si estará bien, si necesitará algo; que pregunta más estúpida, obviamente todos necesitamos algo, pero quién me creo para llegar de un momento a otro y aparecerme en su vida a darle soluciones que tal vez conoce pero deja de lado, quién me ha dicho a mi que se siente mal en su situación, por qué nos acostumbramos a pensar que podemos llegar a mejorarle la vida a las personas que no nos han pedido nada, por qué no mejor dejar de dármelas de superhéroe y dedicarme a recuperar mi estabilidad, ya pesa mucho mi vida como para echarme otra encima.
Por qué no se levanta, ya era hora de que se hubiese puesto en pie tambaleándose, pero nada, nada pasa, ni enciende otro cigarro, ni toma otro trago, eso sólo puede significar que esta muerta o dormida, no se cual es preferible. Lo mejor será que deje mi inseguridad de lado y me acerque a cerciorarme que por lo menos respira, si es que no le voy a hablar, pero tal vez esta sea la oportunidad de simplemente dejarme caer junto a ella y esperar a que despierte, me vea al lado y me invite un trago, entonces le diré que la amo o que me lleve muy lejos, muy al fondo de su desgracia. Me queda un cigarro, lo enciendo haber si me da ese golpe de suerte que necesito.
Dos pasos más y llego a ella; listo, acá estoy, no se mueve pero está respirando, qué hago, maldita indecisión, le quito la botella de la mano y tomo un trago para calentarme o mejor me acuesto junto a ella como pensaba. Un momento, también puedo despertarla e inventarme una historia para hablarle, o puedo quitarle las gafas lentamente y ver si sólo tiene un ojo. Tiene el bolso ahí al lado, es el momento perfecto para abrirlo cautelosamente e inspeccionar su interior, ver qué tanto es lo que guarda allí. Alguna vez alguien me dijo que una mujer se conoce por su manera de caminar y por lo que guarda en su bolso, el de ella debe estar lleno de papeles rayados quién sabe con qué, de paquetes vacíos de Lucky Strike, pura suerte vacía, también debe guardar fuego y miles de oscuros pensamientos comprimidos en bolas cuadriculadas de papel, seguramente llevará un cuchillo, o algún tipo de arma, no creo que tenga celular, no parece creer en la comunicación, mucho menos en el tiempo.
Me gustaría acostarme junto a ella y sentir algo de lo que ella siente, más cerquita, por una última vez soñar y esta vez verme en su cuarto, rodeado de miles de bolas de papel, todos esos ojos amorfos mirándome como atravesando el vidrio que los ausenta, acercándose, acechándome cada vez más, entonces entra ella y me brinda un largo trago de su botella, tomo y tomo hasta sentirme medio intoxicado, luego ella hace lo mismo y comenzamos a bailar, regando líquido por todo el cuarto y sobre nuestros cuerpos hasta vaciar la botella, entonces, saca un encendedor, me mira fijamente y por primera y última vez me sonríe antes de prendernos fuego y consumirnos para siempre.
Si su destino es llenar su bolso de desgracia e intoxicar el aire de miseria; si mi destino es respirar aire tóxico y seguir pudriéndome de angustia, prefiero ser bala antes que blanco, prefiero botarme del ultimo piso del Colpatria y estallarme contra el CAI.
DE LOS DESESPERANZADOS Y SU INFINITA CONTRADICCIÓN
De la infinita Fe y desesperanza no queda nada más que dejarse caer a un futuro absolutamente incierto. Si el amor ya tuvo su momento y murió, si la gente dejó que ganara el poder del miedo y el silencio impuestos, yo no quiero vivir donde ya todo está establecido, donde nadie cree en los sueños, donde nadie quiere recordar. Si bien es consuelo perder la memoria y pensar sólo en lo que esta sucediendo en el momento que se prende un cigarro o se cruza una calle y pretender actuar de acuerdo al instante sin tener en cuenta pasado o futuro que no existen, yo prefiero pensar que tal vez existirá un día cuando en medio del pantano comience a gestarse un nuevo mundo lleno de posibilidades para recuperar la inocencia sin perjudicar a nadie, cuando ya todo esté lo suficientemente jodido como para que pueda dañarse más, pero aun falta. Mientras tanto seguir flotando, en esta generación que no tiene ni nombre, un ripio de la historia descuartizada heredada, un ensimismamiento contemplativo del que muy pocos lograrán sacar algo, de resto morirán en vano, en más número que cualquier generación pasada. Los sobrevivientes serán portadores de una antorcha apagada que los que vienen encenderán con algo distinto al fuego.
Todo ha muerto; dios, familia, patria y principios no son más que conceptos obsoletos. Partidos políticos, clases sociales, ya todo tan desgastado tan sucio de trayecto malgastado que no vale la pena que alguien más se mate por ellos. Nada puro; ni el hombre, ni el sueño; todo quebrado, todo roído, solamente intelectualismos separatistas, refugios de química y licor y la sublimidad del sexo, el último placer que condena a una pequeña idea de eternidad, la última idea de pureza en medio del pecado, de lo inservible e irreprochablemente instintivo, comienzo y medio y fin, resumen de la condición eléctrica del universo; el simple hedonismo a punto de ahogarse. Podrido está el mundo y las intenciones de los hombres, no hay héroes y no creo en que haya esperanza de levantar la voz por algo tan inútil como el anhelo de igualdad y justicia entre millones de animales con conciencia perdida. Prefiero ver el caos, el aniquilamiento final de las especies, del hombre con el hombre, la supervivencia del más vivo. Para qué esperar igualdad, para qué soñar con justicia y amor cuando no recibí amor de quien juró amarme, cuando le rompí la cara de ira al encontrarla durmiendo con otro. Que nadie hable de altruismo, que simplemente si quieren salvar el mundo se salven a si mismos, dos posibilidades para esto; la primera consiste en el aniquilamiento personal, puede ser instantáneo o progresivo, si eres un germen púdrete pudriendo todo a tu paso, pero nada de arrepentimientos hasta que acabes por aniquilarte volviéndote polvo que sopla la brisa de cualquier día. La otra manera es jugando a nunca perder la conciencia, nunca lastimando a nadie pero en serio, respetando al de al lado, tratando de ser ecuánime y no afectar el alma de quien te rodea; pero así corres el riesgo de olvidarte un poco de ti y tu voluntad personal por respeto a los demás, también de ser traicionado en lo más profundo de tu concepción sobre respeto y amor. Entonces tu decides, virus o vacuna, pero siempre inyección, fiel a ti mismo, ahí está la eterna confrontación pasión, emoción, razón y conciencia; hasta dónde puedo ser yo mismo sin afectar a los demás. Que más da, cuando lo intente todo prefiero serme fiel a mi mismo y no dar carta abierta a que me jodan la vida más de lo que ya está, prefiero ser el primero en lanzar la piedra y romperte el mundo. Si el que se afecta es uno mismo permitiéndose el dolor, prefiero no dar posibilidad de que alguien se adentre en mi mundo.
Ser una pared donde todo rebota pero nadie ve la puerta, porque mi capacidad de sufrimiento es imperdonablemente infinita. El recurso y disculpa es pasarle el balón al otro, finalmente las acciones son puras si vienen de la voluntad y deseo individual, entonces puedo matarte cuando me venga en gana y no mereceré castigo alguno pues tu eres quien sufrió, yo simplemente actué obedeciendo a la pureza y voluntad de mi alma.
Cuando la ambigüedad prima por sobre todas las posibles interpretaciones de las acciones y palabras de las personas, no queda más remedio que olvidarse del mundo y vivir según la propia satisfacción de los deseos más inmediatos. El tiempo corre y sólo él obliga a ir destapando las cartas, probablemente mañana mi juego sea otro, pero mañana no existe y hoy puedo quemar todas mis cartas y guardarme un comodín por si llego a necesitarlo en el segundo que viene luego del caos.
En la contradicción está la razón de la conducta más pura que no reconoce alguna postura como simple y definitiva ya que el alma indomable es tan antigua y compleja que tiene mil máscaras, mil disfraces que va usando continuamente sin conocer límites o barreras, sin encasillarse en ninguna postura, sólo jugando a los dados y las mil posibilidades, la dinámica naturaleza diversa y mutable del hombre, la diversidad en deseos, concepciones y emociones que hacen que sea posible una eterna transmutación, una continua transgresión a lo previamente considerado establecido.
Jugar a correr y gritar, a ir saltando hasta quedar exhausto, pero lo que sea que hagas que sea con la mayor pasión y sentimiento que permite un segundo eterno. Es lo mínimo que mereces por el simple hecho de estar soportando la condición de estar vivo confiando en que la muerte traiga una nueva experiencia diferente y sublime; pero sin temerle, más bien siendo en lo único que confiemos, ya que es lo único que está seguro como futuro posible.
Perder todo pudor, toda vergüenza y pena estúpidas. Recuperar el valor y el orgullo de ser quien se es, la autenticidad que no tiene precio, ser la verdad auténtica y caminante, la única verdad es que eres lo que eres y nadie puede comprar tu voluntad, entonces no la regales por la cobardía de los sentimientos que a veces nublan la vista y se disfrazan de algo que llaman amor, amor que crea y destruye, amor que lastima y premia, que sofoca y mata, que olvida y juega con tu dignidad como con títere de carnaval. Si tienes que amar, ama y amate y córtale las venas a quien quiera venir a ultrajarte de amor, a ver si arrastrándose viene a pedirte que sutures su herida.
Nadie ama a nadie más que a si mismo y tal vez a la tierra como lugar de vida, muerte y perdición, pero el amor es una de tantas vanidades, como la libertad y en menor medida el perdón y la repugnante compasión. La libertad es una prostituta parada en una esquina esperando a qué encadenarse, a los deseos más individuales de autosatisfacción para después presumir de si misma alegando ser su propia naturaleza, mirándose al espejo y amándose por el hecho de hallar libre su esencia, retocándose el maquillaje que perdió asesinando otra libertad. Libre de qué si no se puede ser libre de uno mismo y la propia naturaleza, desde el comienzo nacemos engañados, supuestamente gozando de este privilegio, pero entonces prefiero morir encadenado en una oscura celda imaginando, a vivir presumiendo de libre para justificar mis actos. Falacias, falta de yo sería explicar lo que quiero, simplemente no veo necesario justificar algo cuando me vino en gana hacerlo, si quiere matarme, hágalo, mañana recogen mi cadáver y todo regresa a su lugar. Obviamente no somos iguales, nadie lo es, nos arrojaron con una misma maleta, pero en el camino vamos negociando con lo que hay adentro y ahí vamos truequeando entre todos, unos ganando y unos perdiendo, unos enriqueciéndose de yo; otros empobreciéndose de amor y vanidad.
Si no hay más fe que en la muerte, entonces arrójese al abismo de la vida mientras esta dure, porque la ingenuidad del hombre y la ingenuidad de la fe pueden llegar a confundir y hacer pensar que hemos triunfado cuando sólo somos unos bichos conformes y sin cabeza, sin ojos, ni manos, ni mucho menos pies, así que compre un arma y mate al que vaya a dispararle y luego escúpalo y descuartícelo, porque si no, eso será lo que hagan con usted. Basta de pensamientos e intenciones absurdas e ilusas, estamos hechos de carne y la carne se pudre progresivamente mientras el alma se llena de humo, polución emocional que nubla el mundo y lo hace cada vez más confuso. Así es que vamos caminando sin remedio hacia la oscuridad donde probablemente se halle escondida la belleza que la luz nunca pudo revelar.
Nadie vive de amor, mucho menos de suerte y en ultima medida de buenas intenciones, sólo se puede vivir siendo puro en la reducción de los atributos que consideramos propios. Inocencia inherente a la voluntad de ser, arma que nos hace sublimes y frágiles a la vez, cuídala, no la desperdicies y mucho menos la uses como pretexto, úsala como luz, como dedos para recrearte el mundo a tu medida. Que la inocencia sea valor y fortaleza, no arrepentimiento en lagrimas, finalmente es ella quien te revela las circunstancias de tu paso por el mundo y su impacto sobre ti, no la maldigas, úsala como espada.
Todo es mentira, todo está muerto como muerto estoy en vida. Desde el amor de la amada hasta la tarde cansada de historia, todo es mentira, entonces tienes todo el derecho de recrear para ti el universo. Simplemente creer que lo has visto todo y no lo soportas y es razón para destruirlo y recrearlo todo de una vez por todas.
No tratar de entender lo que se sabe no tiene explicación, no tratar de explicar lo que se sabe no hay manera de entender, no pensar que contradicción es error y ya, simplemente seguir rodando por el camino escogido, sabiendo que no habrá fin, que el único fin será por mucho un estado de transe a otro camino. No confiar en nadie, en nada, porque todos traemos la misma maleta con la que vamos negociando, unos ganando, unos perdiendo, pero nunca arriesgando la maleta y así apuntar a controlar el sufrimiento cuando se asoma a la ventana, cerrársela en la cara luego de escupirlo.
Todo ha muerto; dios, familia, patria y principios no son más que conceptos obsoletos. Partidos políticos, clases sociales, ya todo tan desgastado tan sucio de trayecto malgastado que no vale la pena que alguien más se mate por ellos. Nada puro; ni el hombre, ni el sueño; todo quebrado, todo roído, solamente intelectualismos separatistas, refugios de química y licor y la sublimidad del sexo, el último placer que condena a una pequeña idea de eternidad, la última idea de pureza en medio del pecado, de lo inservible e irreprochablemente instintivo, comienzo y medio y fin, resumen de la condición eléctrica del universo; el simple hedonismo a punto de ahogarse. Podrido está el mundo y las intenciones de los hombres, no hay héroes y no creo en que haya esperanza de levantar la voz por algo tan inútil como el anhelo de igualdad y justicia entre millones de animales con conciencia perdida. Prefiero ver el caos, el aniquilamiento final de las especies, del hombre con el hombre, la supervivencia del más vivo. Para qué esperar igualdad, para qué soñar con justicia y amor cuando no recibí amor de quien juró amarme, cuando le rompí la cara de ira al encontrarla durmiendo con otro. Que nadie hable de altruismo, que simplemente si quieren salvar el mundo se salven a si mismos, dos posibilidades para esto; la primera consiste en el aniquilamiento personal, puede ser instantáneo o progresivo, si eres un germen púdrete pudriendo todo a tu paso, pero nada de arrepentimientos hasta que acabes por aniquilarte volviéndote polvo que sopla la brisa de cualquier día. La otra manera es jugando a nunca perder la conciencia, nunca lastimando a nadie pero en serio, respetando al de al lado, tratando de ser ecuánime y no afectar el alma de quien te rodea; pero así corres el riesgo de olvidarte un poco de ti y tu voluntad personal por respeto a los demás, también de ser traicionado en lo más profundo de tu concepción sobre respeto y amor. Entonces tu decides, virus o vacuna, pero siempre inyección, fiel a ti mismo, ahí está la eterna confrontación pasión, emoción, razón y conciencia; hasta dónde puedo ser yo mismo sin afectar a los demás. Que más da, cuando lo intente todo prefiero serme fiel a mi mismo y no dar carta abierta a que me jodan la vida más de lo que ya está, prefiero ser el primero en lanzar la piedra y romperte el mundo. Si el que se afecta es uno mismo permitiéndose el dolor, prefiero no dar posibilidad de que alguien se adentre en mi mundo.
Ser una pared donde todo rebota pero nadie ve la puerta, porque mi capacidad de sufrimiento es imperdonablemente infinita. El recurso y disculpa es pasarle el balón al otro, finalmente las acciones son puras si vienen de la voluntad y deseo individual, entonces puedo matarte cuando me venga en gana y no mereceré castigo alguno pues tu eres quien sufrió, yo simplemente actué obedeciendo a la pureza y voluntad de mi alma.
Cuando la ambigüedad prima por sobre todas las posibles interpretaciones de las acciones y palabras de las personas, no queda más remedio que olvidarse del mundo y vivir según la propia satisfacción de los deseos más inmediatos. El tiempo corre y sólo él obliga a ir destapando las cartas, probablemente mañana mi juego sea otro, pero mañana no existe y hoy puedo quemar todas mis cartas y guardarme un comodín por si llego a necesitarlo en el segundo que viene luego del caos.
En la contradicción está la razón de la conducta más pura que no reconoce alguna postura como simple y definitiva ya que el alma indomable es tan antigua y compleja que tiene mil máscaras, mil disfraces que va usando continuamente sin conocer límites o barreras, sin encasillarse en ninguna postura, sólo jugando a los dados y las mil posibilidades, la dinámica naturaleza diversa y mutable del hombre, la diversidad en deseos, concepciones y emociones que hacen que sea posible una eterna transmutación, una continua transgresión a lo previamente considerado establecido.
Jugar a correr y gritar, a ir saltando hasta quedar exhausto, pero lo que sea que hagas que sea con la mayor pasión y sentimiento que permite un segundo eterno. Es lo mínimo que mereces por el simple hecho de estar soportando la condición de estar vivo confiando en que la muerte traiga una nueva experiencia diferente y sublime; pero sin temerle, más bien siendo en lo único que confiemos, ya que es lo único que está seguro como futuro posible.
Perder todo pudor, toda vergüenza y pena estúpidas. Recuperar el valor y el orgullo de ser quien se es, la autenticidad que no tiene precio, ser la verdad auténtica y caminante, la única verdad es que eres lo que eres y nadie puede comprar tu voluntad, entonces no la regales por la cobardía de los sentimientos que a veces nublan la vista y se disfrazan de algo que llaman amor, amor que crea y destruye, amor que lastima y premia, que sofoca y mata, que olvida y juega con tu dignidad como con títere de carnaval. Si tienes que amar, ama y amate y córtale las venas a quien quiera venir a ultrajarte de amor, a ver si arrastrándose viene a pedirte que sutures su herida.
Nadie ama a nadie más que a si mismo y tal vez a la tierra como lugar de vida, muerte y perdición, pero el amor es una de tantas vanidades, como la libertad y en menor medida el perdón y la repugnante compasión. La libertad es una prostituta parada en una esquina esperando a qué encadenarse, a los deseos más individuales de autosatisfacción para después presumir de si misma alegando ser su propia naturaleza, mirándose al espejo y amándose por el hecho de hallar libre su esencia, retocándose el maquillaje que perdió asesinando otra libertad. Libre de qué si no se puede ser libre de uno mismo y la propia naturaleza, desde el comienzo nacemos engañados, supuestamente gozando de este privilegio, pero entonces prefiero morir encadenado en una oscura celda imaginando, a vivir presumiendo de libre para justificar mis actos. Falacias, falta de yo sería explicar lo que quiero, simplemente no veo necesario justificar algo cuando me vino en gana hacerlo, si quiere matarme, hágalo, mañana recogen mi cadáver y todo regresa a su lugar. Obviamente no somos iguales, nadie lo es, nos arrojaron con una misma maleta, pero en el camino vamos negociando con lo que hay adentro y ahí vamos truequeando entre todos, unos ganando y unos perdiendo, unos enriqueciéndose de yo; otros empobreciéndose de amor y vanidad.
Si no hay más fe que en la muerte, entonces arrójese al abismo de la vida mientras esta dure, porque la ingenuidad del hombre y la ingenuidad de la fe pueden llegar a confundir y hacer pensar que hemos triunfado cuando sólo somos unos bichos conformes y sin cabeza, sin ojos, ni manos, ni mucho menos pies, así que compre un arma y mate al que vaya a dispararle y luego escúpalo y descuartícelo, porque si no, eso será lo que hagan con usted. Basta de pensamientos e intenciones absurdas e ilusas, estamos hechos de carne y la carne se pudre progresivamente mientras el alma se llena de humo, polución emocional que nubla el mundo y lo hace cada vez más confuso. Así es que vamos caminando sin remedio hacia la oscuridad donde probablemente se halle escondida la belleza que la luz nunca pudo revelar.
Nadie vive de amor, mucho menos de suerte y en ultima medida de buenas intenciones, sólo se puede vivir siendo puro en la reducción de los atributos que consideramos propios. Inocencia inherente a la voluntad de ser, arma que nos hace sublimes y frágiles a la vez, cuídala, no la desperdicies y mucho menos la uses como pretexto, úsala como luz, como dedos para recrearte el mundo a tu medida. Que la inocencia sea valor y fortaleza, no arrepentimiento en lagrimas, finalmente es ella quien te revela las circunstancias de tu paso por el mundo y su impacto sobre ti, no la maldigas, úsala como espada.
Todo es mentira, todo está muerto como muerto estoy en vida. Desde el amor de la amada hasta la tarde cansada de historia, todo es mentira, entonces tienes todo el derecho de recrear para ti el universo. Simplemente creer que lo has visto todo y no lo soportas y es razón para destruirlo y recrearlo todo de una vez por todas.
No tratar de entender lo que se sabe no tiene explicación, no tratar de explicar lo que se sabe no hay manera de entender, no pensar que contradicción es error y ya, simplemente seguir rodando por el camino escogido, sabiendo que no habrá fin, que el único fin será por mucho un estado de transe a otro camino. No confiar en nadie, en nada, porque todos traemos la misma maleta con la que vamos negociando, unos ganando, unos perdiendo, pero nunca arriesgando la maleta y así apuntar a controlar el sufrimiento cuando se asoma a la ventana, cerrársela en la cara luego de escupirlo.
(FRAGMENTO)
(FRAGMENTO)
Esta mañana amanecí con los ojos más cansados que anoche, tal vez no dormí sino que me fui de paseo a una cueva muy oscura llena de vampiros y ahora me duele salir y ver mariposas aleteando en mis orejas como palabritas efímeras, tristes aunque hermosas susurradas sin piedad. Mi apartamento es un primer piso, por lo tanto es como una cárcel, la ventana no es realmente ventana, más bien un preámbulo de la reja blanca y vieja que pusieron para protegerme supuestamente de ladrones. Ya quisiera yo que una noche te metieras por mi ventana, me inyectaras en la cabeza algo que me impida despertar en doce horas y luego me secuestraras sin que nadie lo notara, sólo los grillos y las ranas del pantano del frente que ya no existe porque allí construyeron ocho edificios de ocho pisos con penthouse para que los de arriba vean la ciudad y los de abajo al igual que yo, sólo vean hormigón, vidrio y ladrillo. Los que viven arriba tienen los sueños más vivos, menos llenos de mierda y aplastados con cemento, pueden ver más lejos, por eso también es más probable que terminen tirándose por la ventana, me gustaría vivir en un cuarentavo piso.
Como raro hoy no tengo nada planeado para hacer, así que puedo quedarme en cama viendo televisión hasta las doce, después prepararme algo para comer; huevos fritos, jugo de naranja y aguacacao, como en casa cuando me despertaban los domingos con el más cargado caldo de papas y de sobremesa el tradicional y familiar aguacacao traído de generación en generación; sólo pon agua en una ollita con una pastilla de panela y una y media de chocolate, espera que hierva y tienes tu dosis, siempre funciona pero de noche cae pesado. De pronto después me voy a dar una vuelta, puedo ir a caminar la séptima o subir a La Calera con media de brandy a ver la ciudad, pero ya me cansé de hacerlo solo, ah, que va, mejor pongo una película y dejo de hablar tanta mierda.
Diez y media de la mañana y quiero cortarme las venas, o coger la pared a cabezazos hasta que se caiga, ya puse y quité tres películas, ya las he visto todas una y otra vez, no tengo celular porque no me gusta, así me aísle, el teléfono no suena, quisiera que llamaras y me dijeras hey, que más todo bien, estoy afuera de tu casa, tengo una caja de Facundo y un moño de Jack Herer, ¿puedo entrar?, pero no, eso no pasa y ni siquiera se dónde carajos puedas estar.
Reproducción aleatoria de la música en el computador, Air, How does it make you feel? How does it make you feel? Y quien me va a proteger, ya no puedo ni ver, reproducción aleatoria de ideas en mi cabeza, nada concreto, reproducción aleatoria de palabras en mi mente, te he esperado por tanto tiempo, ni siquiera sabes que vives dentro de mi propio planeta y si te tengo en frente me resulta realmente difícil hablar de algo concreto, se hace difícil pensar, y sólo puedo ser aun más estúpido. How does it make you feel? Reproducción aleatoria de sueños estropeados que deambulan por mi cabeza como caballos desbocados que terminan con las piernas rotas, muriendo porque ya no se pueden poner en pie, How does it make you feel?
Esta mañana amanecí con los ojos más cansados que anoche, tal vez no dormí sino que me fui de paseo a una cueva muy oscura llena de vampiros y ahora me duele salir y ver mariposas aleteando en mis orejas como palabritas efímeras, tristes aunque hermosas susurradas sin piedad. Mi apartamento es un primer piso, por lo tanto es como una cárcel, la ventana no es realmente ventana, más bien un preámbulo de la reja blanca y vieja que pusieron para protegerme supuestamente de ladrones. Ya quisiera yo que una noche te metieras por mi ventana, me inyectaras en la cabeza algo que me impida despertar en doce horas y luego me secuestraras sin que nadie lo notara, sólo los grillos y las ranas del pantano del frente que ya no existe porque allí construyeron ocho edificios de ocho pisos con penthouse para que los de arriba vean la ciudad y los de abajo al igual que yo, sólo vean hormigón, vidrio y ladrillo. Los que viven arriba tienen los sueños más vivos, menos llenos de mierda y aplastados con cemento, pueden ver más lejos, por eso también es más probable que terminen tirándose por la ventana, me gustaría vivir en un cuarentavo piso.
Como raro hoy no tengo nada planeado para hacer, así que puedo quedarme en cama viendo televisión hasta las doce, después prepararme algo para comer; huevos fritos, jugo de naranja y aguacacao, como en casa cuando me despertaban los domingos con el más cargado caldo de papas y de sobremesa el tradicional y familiar aguacacao traído de generación en generación; sólo pon agua en una ollita con una pastilla de panela y una y media de chocolate, espera que hierva y tienes tu dosis, siempre funciona pero de noche cae pesado. De pronto después me voy a dar una vuelta, puedo ir a caminar la séptima o subir a La Calera con media de brandy a ver la ciudad, pero ya me cansé de hacerlo solo, ah, que va, mejor pongo una película y dejo de hablar tanta mierda.
Diez y media de la mañana y quiero cortarme las venas, o coger la pared a cabezazos hasta que se caiga, ya puse y quité tres películas, ya las he visto todas una y otra vez, no tengo celular porque no me gusta, así me aísle, el teléfono no suena, quisiera que llamaras y me dijeras hey, que más todo bien, estoy afuera de tu casa, tengo una caja de Facundo y un moño de Jack Herer, ¿puedo entrar?, pero no, eso no pasa y ni siquiera se dónde carajos puedas estar.
Reproducción aleatoria de la música en el computador, Air, How does it make you feel? How does it make you feel? Y quien me va a proteger, ya no puedo ni ver, reproducción aleatoria de ideas en mi cabeza, nada concreto, reproducción aleatoria de palabras en mi mente, te he esperado por tanto tiempo, ni siquiera sabes que vives dentro de mi propio planeta y si te tengo en frente me resulta realmente difícil hablar de algo concreto, se hace difícil pensar, y sólo puedo ser aun más estúpido. How does it make you feel? Reproducción aleatoria de sueños estropeados que deambulan por mi cabeza como caballos desbocados que terminan con las piernas rotas, muriendo porque ya no se pueden poner en pie, How does it make you feel?
EFECTO T (FRAGMENTO)
Cuando por fin tuve la oportunidad de sentarme en una de esas sillas rojas que no son para todos quienes abordan este expreso, sino para los privilegiados, los más vivos; son trofeos que toca sudar como los de carreras de carros, comencé a observar la gente a mi alrededor, a escuchar el sonido del bus y pensé en cien negros trabajando en las calderas de algún titán trasatlántico; el ruido se mezclaba con el tipo de metro ochenta parado a mi izquierda; un yupi de unos treinta años, vestido con Arturo Calle o alguno de esos que tienen tienda en la calle, hablaba por celular con su esposa, bueno, hablaba en un comienzo, porque luego discutía sobre quién iba a recoger a los niños en el colegio y su argumento más fuerte para evitar tal labor era que tenía una reunión importantísima en media hora. Sabrá Dios si su reunión importantísima era con una puta, o si su esposa tendría una cita en quince minutos donde el peluquero o el agente de bienes raíces, entonces no supe cual de los argumentos sería más válido, todas esas preocupaciones burguesas se me hacen del mismo peso, un peso, y la gente se mata y pelea por un peso.
A mi derecha sentada se hallaba una bella mujer de unos veintisiete años, dormía de lo más cómoda soñando quién sabe con quién, mientras yo soñaba despierto con que ella fuera la madre de mis hijos, hasta sacrificaría todas mis reuniones “importantísimas” para recogerlos en el colegio sin ningún lío, o me la llevaría de viaje a la India, a esa ciudad llena de templos y esculturas referentes al Kamasutra, donde la unión sexual entre hombre y mujer es la manera de alcanzar la iluminación, el máximo estado del espíritu, nos volveríamos seres de luz y haríamos el amor día y noche, pero su respiración se mezclaba con las fanfarronadas del yupi de los tres dedos de frente y los negros al fondo seguían dándole duro a la caldera.
Adelante había tres niñitos de colegio público y oía su cotilleo. Hablaban sobre las hermosas colegialas diecisieteañeras, quienes por la presión de la multitud dentro de esta enorme lata de sardinas, tenían sus cocacolescas figuritas a menos de tres centímetros del miembro del más pequeño y gordito de los niños.
Comencé a prestarle atención a todos y cada uno de los sonidos producidos en el bus incluyendo mi agitada respiración. Ese humor del articulado causa algo que llamo el Efecto Transmilenio; una droga mecanicoambiental colectivamente inducida, algo parecido a no dormir durante dos días, esa lucidez melancólica, pero acompañada de cientos de aromas y miles de ideas que galopan por tu cerebro a mil por hora y a la vez despacio, mientras afuera el mundo corre a sesenta kilómetros por hora en sentido contrario a tu destino y cuando llegas a este, termina el efecto de tal droga, la Substancia T, pero bueno luego les hablaré mejor sobre el tema.
Detrás una señora cantaba clásicos del Puma, un joven cogía las barandas del bus como tambores y platillos, el piso como bombo y sus dedos como cuatro baquetas, mientras tarareaba una canción de los Ramones. Cada sonido entraba por mis múltiples oídos; un cadaver exquisito hecho canción, donde yo era el director y único asistente consciente de tan magnífica orquesta. Recordé cuando alguna vez siendo pequeño mi hermana me contó que cuando bailaba Techno en un After, cerraba los ojos y hacía que cada parte de su cuerpo se moviera con un sonido distinto en la canción que sonaba. Años más tarde conocí el efecto que causan las drogas sobre una persona cuando baila, esa sublimación del cuerpo y el espíritu hechos danza y entonces pude comprender las sabias palabras de mi hermana, la iluminación que producen ciertas substancias mezcladas con el baile y además que este, que a su vez tiene una carga sexual muy alta, también sirve para aproximarse a ese estado del que hablan en la India; entonces no hay tal “One Way” para lograr las cosas. Comprendí el sabor de los negros quienes a su vez y paradójicamente continuaban llevando firmes y sin tregua la base rítmica de mi orquesta al son de calderas grises y rojas rodando por el asfalto Bogotano.
Las puertas del bus se abrían en cada estación como latas de Coca Cola, burbujeantes y espumosas salían las personas, toda una danza caótica, subconscientemente planeada; otras entraban buscando el mejor puesto que no existe si ya no hay sillas vacías, no faltaba el “líder” intentando poner orden donde ni el niño gordito había logrado alejarse un solo centímetro de la sexy colegiala que lo miraba mientras él, víctima de su pubertad, rojo como tomate y con sus hormonas como maíz pira en aceite hirviendo, aterrado observaba como cada vez su amiguito juguetón se ponía “más feliz”. Así es como un hombre se enamora de los tumultos y llega a su hogar a desquitarse a solas con su pequeño amigo por hacerlo quedar mal. No One Way.
La orquesta comienza un crescendo infernal, mis oídos suben el volumen y aumenta mi desesperación, la canción penetra mis huesos y empiezo a buscar un elemento que le de ritmo melodioso al ruido, algo que contraste o que implante equilibrio, un director de orquesta sustituto o un instrumento de sonido celestial, una lira angelical o la voz de la chica de mi derecha susurrándome al oído que cuando nos bajemos se irá a la India conmigo, o al menos a Cali a bailar. Busco por todas partes y no encuentro nada; a mi izquierda me repugna el yupi con su perfume de cien de los verdes comprado en Maicao a mitad de precio, su celular perdido entre sus dedos y su cara de “Soy mi dueño y único redentor” sabiendo que todo su ser depende de la subida o caída de su status dentro de su mundito falso de apariencias y engaño, mientras los niños en el colegio esperan a mamá que se las arregla para cumplir con mil y una responsabilidades en veinticuatro horas sin usar perfume de Maicao.
La hermosa madre de mis hijos a mi derecha ya está roncando y su sonido me molesta aunque la envidio porque desearía poder salirme de este estadio, de este espantoso concierto y dormir plácidamente dejándole mi destino a la alarma de los sueños para que me indique cuando debo despertar. Me da risa y pena ajena la situación complicada y placentera del gordito que empieza a rosar la falda alta de la colegiala, mientras hace disimulados movimientos púbicos mirando a sus amigos que a su vez lo ven con cara de eres mi héroe. No tengo ritmo ni motricidad para acompañar al joven baterista frustrado amante de los Ramones y lo peor está detrás mío pues no me se una maldita canción del Puma.
A mi derecha sentada se hallaba una bella mujer de unos veintisiete años, dormía de lo más cómoda soñando quién sabe con quién, mientras yo soñaba despierto con que ella fuera la madre de mis hijos, hasta sacrificaría todas mis reuniones “importantísimas” para recogerlos en el colegio sin ningún lío, o me la llevaría de viaje a la India, a esa ciudad llena de templos y esculturas referentes al Kamasutra, donde la unión sexual entre hombre y mujer es la manera de alcanzar la iluminación, el máximo estado del espíritu, nos volveríamos seres de luz y haríamos el amor día y noche, pero su respiración se mezclaba con las fanfarronadas del yupi de los tres dedos de frente y los negros al fondo seguían dándole duro a la caldera.
Adelante había tres niñitos de colegio público y oía su cotilleo. Hablaban sobre las hermosas colegialas diecisieteañeras, quienes por la presión de la multitud dentro de esta enorme lata de sardinas, tenían sus cocacolescas figuritas a menos de tres centímetros del miembro del más pequeño y gordito de los niños.
Comencé a prestarle atención a todos y cada uno de los sonidos producidos en el bus incluyendo mi agitada respiración. Ese humor del articulado causa algo que llamo el Efecto Transmilenio; una droga mecanicoambiental colectivamente inducida, algo parecido a no dormir durante dos días, esa lucidez melancólica, pero acompañada de cientos de aromas y miles de ideas que galopan por tu cerebro a mil por hora y a la vez despacio, mientras afuera el mundo corre a sesenta kilómetros por hora en sentido contrario a tu destino y cuando llegas a este, termina el efecto de tal droga, la Substancia T, pero bueno luego les hablaré mejor sobre el tema.
Detrás una señora cantaba clásicos del Puma, un joven cogía las barandas del bus como tambores y platillos, el piso como bombo y sus dedos como cuatro baquetas, mientras tarareaba una canción de los Ramones. Cada sonido entraba por mis múltiples oídos; un cadaver exquisito hecho canción, donde yo era el director y único asistente consciente de tan magnífica orquesta. Recordé cuando alguna vez siendo pequeño mi hermana me contó que cuando bailaba Techno en un After, cerraba los ojos y hacía que cada parte de su cuerpo se moviera con un sonido distinto en la canción que sonaba. Años más tarde conocí el efecto que causan las drogas sobre una persona cuando baila, esa sublimación del cuerpo y el espíritu hechos danza y entonces pude comprender las sabias palabras de mi hermana, la iluminación que producen ciertas substancias mezcladas con el baile y además que este, que a su vez tiene una carga sexual muy alta, también sirve para aproximarse a ese estado del que hablan en la India; entonces no hay tal “One Way” para lograr las cosas. Comprendí el sabor de los negros quienes a su vez y paradójicamente continuaban llevando firmes y sin tregua la base rítmica de mi orquesta al son de calderas grises y rojas rodando por el asfalto Bogotano.
Las puertas del bus se abrían en cada estación como latas de Coca Cola, burbujeantes y espumosas salían las personas, toda una danza caótica, subconscientemente planeada; otras entraban buscando el mejor puesto que no existe si ya no hay sillas vacías, no faltaba el “líder” intentando poner orden donde ni el niño gordito había logrado alejarse un solo centímetro de la sexy colegiala que lo miraba mientras él, víctima de su pubertad, rojo como tomate y con sus hormonas como maíz pira en aceite hirviendo, aterrado observaba como cada vez su amiguito juguetón se ponía “más feliz”. Así es como un hombre se enamora de los tumultos y llega a su hogar a desquitarse a solas con su pequeño amigo por hacerlo quedar mal. No One Way.
La orquesta comienza un crescendo infernal, mis oídos suben el volumen y aumenta mi desesperación, la canción penetra mis huesos y empiezo a buscar un elemento que le de ritmo melodioso al ruido, algo que contraste o que implante equilibrio, un director de orquesta sustituto o un instrumento de sonido celestial, una lira angelical o la voz de la chica de mi derecha susurrándome al oído que cuando nos bajemos se irá a la India conmigo, o al menos a Cali a bailar. Busco por todas partes y no encuentro nada; a mi izquierda me repugna el yupi con su perfume de cien de los verdes comprado en Maicao a mitad de precio, su celular perdido entre sus dedos y su cara de “Soy mi dueño y único redentor” sabiendo que todo su ser depende de la subida o caída de su status dentro de su mundito falso de apariencias y engaño, mientras los niños en el colegio esperan a mamá que se las arregla para cumplir con mil y una responsabilidades en veinticuatro horas sin usar perfume de Maicao.
La hermosa madre de mis hijos a mi derecha ya está roncando y su sonido me molesta aunque la envidio porque desearía poder salirme de este estadio, de este espantoso concierto y dormir plácidamente dejándole mi destino a la alarma de los sueños para que me indique cuando debo despertar. Me da risa y pena ajena la situación complicada y placentera del gordito que empieza a rosar la falda alta de la colegiala, mientras hace disimulados movimientos púbicos mirando a sus amigos que a su vez lo ven con cara de eres mi héroe. No tengo ritmo ni motricidad para acompañar al joven baterista frustrado amante de los Ramones y lo peor está detrás mío pues no me se una maldita canción del Puma.
FIND ME
Hoy tengo ganas de verte, demasiadas ganas de verte. Salir de mi casa a caminar en busca de un cigarro y encontrarte de frente volteando la esquina, ponerme nervioso como cuando nos encontramos cara a cara en el bar y quedé sin palabras tratando de pensar algo astuto que decir sin conseguirlo, invitarte en la panadería a una galleta de cara feliz porque no venden de cara triste y mezclarla con café para que te pongas dulce y al tanto del que tienes en frente. Quisiera ir caminando y verte pasar en un carro, que casualmente pasaras la noche de Navidad donde tu abuela, quisiera que casualmente ella viviera en mi barrio para que tú y yo nos encontráramos en víspera de media noche y nos fundiéramos en un fuerte abrazo que me haga amar la Navidad como cuando niño. Hace años el corazón yace desolado sin darle tregua al amor, cerradas las ventanas a cualquier brisa arrasadora que pretenda invadir mi hogar y destruirlo, pero contigo me dan ganas de tumbar puertas y ventanas. Hoy quiero ir caminando a esperar el bus y que pases en un carro, pares y me digas “Buenas tardes señor, a dónde se dirige” y responderte “Buenas tardes señorita, a donde usted quiera llevarme”, como en Chungking Express. Así mismo quiero conseguirme las llaves de tu casa y meterme cuando no estés, ir enloqueciéndote de confusión, saber cómo es posible que vivas y te hayas aparecido de un momento a otro en mis días sin pedir permiso y sin pretender lo más mínimo me hayas volteado todo lo que consideraba tan claro para mi. Ahora estoy hecho de arena para que me soples, como una burbuja volando de un lado a otro con toda la sublime fragilidad del mundo y no se dónde pueden estar tus esquinas peligrosas y asesinas. No te conozco pero siento que te sigo hace tiempo, contadas veces te he visto y otras mil quiero verte. Estoy hecho un desastre, errando por la calle sin esperar nada más que un ratico de cariño o satisfacción, sin encontrar nada más que raticos de cariño compartido y satisfacción egoísta de alquiler mundano y vagabundo.
Me levanto y te pienso y pienso en verte, me voy a la cama en la noche y te pienso y pienso que hoy no te vi y el estómago se me hace un nudo. Quiero que me secuestres y me lleves a dar una vuelta caminando a tu lado, ser el que te acompaña en el dibujo que tienes por ahí de una niña andando sola por la vida, invadir tus sueños como estás invadiendo los míos hasta de día. Anoche soñé que me correspondías, pero hasta el momento es sólo un sueño, hay alguien más que se avispó primero y es el que te lleva por la calle de la mano, no lo culpo ni lo odio, no tengo por qué, de pronto lo envidio por llegar primero y concretar lo que yo aplacé por no vender mis intenciones de una sola vez. Quiero llamarte pero no asfixiarte así que me trago las ganas pero me voy llenando y tendré que vomitar.
Quiero que me limpies, ya me duele un poco tanta mierda que llevo encima y se ve que hueles rico, que tus manos son suaves y curativas, que tus pupilas inocentes quieren jugar a vivir y ser querida de verdad, a compartir un instante de camino y por qué no, a correr conmigo cuando no aguantes más tanta basura que abunda en las calles del tiempo.
Se que si fuera posible volar serías instructora de vuelo, se que te mueres de ganas por subir a la cumbre del mundo y gritar hasta asfixiarte, de correr hasta secarte, de cantar hasta quedar sin voz y de entregarte apasionadamente a la vida, yo quiero ser copiloto del viaje. Por mi parte tomo lecciones de aviación en mi ensueño, pero quiero que me compartas tus trucos y secretos de vuelo, también tengo algo que enseñarte y quiero que aterricemos juntos en algún recóndito lugar olvidado por la razón y allí darte el primer beso antes de emprender nuevamente vuelo.
Hoy quiero salir a la calle y no ver a nadie más que a ti, la gente me molesta, no quiero sonreírle a nadie y no quiero perder el tiempo buscando alguien más. Quiero que me busques y me digas ya todo está claro, no hay por qué temer, el que me llevaba por la calle de la mano siguió solo su camino y yo vine a visitarte y llevarte de paseo. Quiero que timbren en mi apartamento y al abrir verte ahí parada frente a mi tan frágil como luces, tan dulce como seguramente sabes, tan sutilmente bella que casi pasas desapercibida por la incapacidad general del hombre para admirar lo más bello, lo que alberga más poder creador y destructivo sin notarlo y mucho menos importarle.
Hoy quiero verte, abrazarte y decirte que estoy dispuesto a viajar contigo a cualquier lugar, a jugar contigo todos los juegos y a entregarme ciegamente a tu abismo. Llévame, hazme sentir bien, hazme sonreír como las galletas, llévate todo mi pudor y abrázame tan fuerte que no me quede aire para pensar, contágiame de vida que medio muerto vengo caminando y eres esa fuente en la que quiero bañarme y volver a creer que todo es posible.
Hoy quiero verte, me muero por las malditas ganas de verte, ojala mi voz subconsciente viaje hasta tus orejas y se meta nadando hasta tu cerebro sembrándote deseo, plagándote con mariposas de anhelo y contagiándote con ganas de verme. Búscame, ven por mí que te espero.
Hoy quiero verte pero tal vez ni te importe, tal vez no quieras nada y te de pena o lástima decirme que no, tal vez sea uno de tus pasatiempos y estés cagada de la risa mientras muero de ansiedad. Tal vez sólo soy una caricia que sube la aguja de tu egómetro y tal vez estés muy bien con el que te lleva de la mano por la calle y no quieras saber nada más y mucho menos de medio muertos ambulantes que sueñan con galletas de cara triste y como adolescentes sueñan con volar y coronar el mundo para gritar que están vivos, que quieren infectarte con mil pestes y con mariposas negras revoloteándote en todo el cuerpo. Para qué, de pronto lo único que te importa es que estás en piso firme y que él te lleve de la mano por la calle y te diga de vez en cuando que te quiere, palmaditas en la espalda y te sientes muy bien así. Tal vez no te gusta jugar, tal vez temes caerte como caíste una y otra vez cuando intentaste volar y no te culpo, tal vez no te guste la altura, tal vez no te gustan los pilotos, tal vez mi voz se desmaye y no llegue hasta tu hogar ni tus oídos, tal vez tus ventanas están mejor selladas que las mías y tal vez me dejes con ganas de verte y abrazarte hoy, mañana y siempre.
Pero muero de ganas por verte.
Me levanto y te pienso y pienso en verte, me voy a la cama en la noche y te pienso y pienso que hoy no te vi y el estómago se me hace un nudo. Quiero que me secuestres y me lleves a dar una vuelta caminando a tu lado, ser el que te acompaña en el dibujo que tienes por ahí de una niña andando sola por la vida, invadir tus sueños como estás invadiendo los míos hasta de día. Anoche soñé que me correspondías, pero hasta el momento es sólo un sueño, hay alguien más que se avispó primero y es el que te lleva por la calle de la mano, no lo culpo ni lo odio, no tengo por qué, de pronto lo envidio por llegar primero y concretar lo que yo aplacé por no vender mis intenciones de una sola vez. Quiero llamarte pero no asfixiarte así que me trago las ganas pero me voy llenando y tendré que vomitar.
Quiero que me limpies, ya me duele un poco tanta mierda que llevo encima y se ve que hueles rico, que tus manos son suaves y curativas, que tus pupilas inocentes quieren jugar a vivir y ser querida de verdad, a compartir un instante de camino y por qué no, a correr conmigo cuando no aguantes más tanta basura que abunda en las calles del tiempo.
Se que si fuera posible volar serías instructora de vuelo, se que te mueres de ganas por subir a la cumbre del mundo y gritar hasta asfixiarte, de correr hasta secarte, de cantar hasta quedar sin voz y de entregarte apasionadamente a la vida, yo quiero ser copiloto del viaje. Por mi parte tomo lecciones de aviación en mi ensueño, pero quiero que me compartas tus trucos y secretos de vuelo, también tengo algo que enseñarte y quiero que aterricemos juntos en algún recóndito lugar olvidado por la razón y allí darte el primer beso antes de emprender nuevamente vuelo.
Hoy quiero salir a la calle y no ver a nadie más que a ti, la gente me molesta, no quiero sonreírle a nadie y no quiero perder el tiempo buscando alguien más. Quiero que me busques y me digas ya todo está claro, no hay por qué temer, el que me llevaba por la calle de la mano siguió solo su camino y yo vine a visitarte y llevarte de paseo. Quiero que timbren en mi apartamento y al abrir verte ahí parada frente a mi tan frágil como luces, tan dulce como seguramente sabes, tan sutilmente bella que casi pasas desapercibida por la incapacidad general del hombre para admirar lo más bello, lo que alberga más poder creador y destructivo sin notarlo y mucho menos importarle.
Hoy quiero verte, abrazarte y decirte que estoy dispuesto a viajar contigo a cualquier lugar, a jugar contigo todos los juegos y a entregarme ciegamente a tu abismo. Llévame, hazme sentir bien, hazme sonreír como las galletas, llévate todo mi pudor y abrázame tan fuerte que no me quede aire para pensar, contágiame de vida que medio muerto vengo caminando y eres esa fuente en la que quiero bañarme y volver a creer que todo es posible.
Hoy quiero verte, me muero por las malditas ganas de verte, ojala mi voz subconsciente viaje hasta tus orejas y se meta nadando hasta tu cerebro sembrándote deseo, plagándote con mariposas de anhelo y contagiándote con ganas de verme. Búscame, ven por mí que te espero.
Hoy quiero verte pero tal vez ni te importe, tal vez no quieras nada y te de pena o lástima decirme que no, tal vez sea uno de tus pasatiempos y estés cagada de la risa mientras muero de ansiedad. Tal vez sólo soy una caricia que sube la aguja de tu egómetro y tal vez estés muy bien con el que te lleva de la mano por la calle y no quieras saber nada más y mucho menos de medio muertos ambulantes que sueñan con galletas de cara triste y como adolescentes sueñan con volar y coronar el mundo para gritar que están vivos, que quieren infectarte con mil pestes y con mariposas negras revoloteándote en todo el cuerpo. Para qué, de pronto lo único que te importa es que estás en piso firme y que él te lleve de la mano por la calle y te diga de vez en cuando que te quiere, palmaditas en la espalda y te sientes muy bien así. Tal vez no te gusta jugar, tal vez temes caerte como caíste una y otra vez cuando intentaste volar y no te culpo, tal vez no te guste la altura, tal vez no te gustan los pilotos, tal vez mi voz se desmaye y no llegue hasta tu hogar ni tus oídos, tal vez tus ventanas están mejor selladas que las mías y tal vez me dejes con ganas de verte y abrazarte hoy, mañana y siempre.
Pero muero de ganas por verte.
sábado, 26 de diciembre de 2009
NOTA NÚMERO 1 (BABOSA)
Pasan los minutos como babosas subiendo un rascacielos, pero no hay cima, no se cuántos pisos tenga esta ansiedad, ni qué diablos es lo que espero, talvez sólo verte, o por lo menos oírte y que me digas que me deseas ya mismo; no, mejor verte. Lo que pasa es que me malacostumbro y una vez hablo ya no puedo callarme, me vuelvo monotemático y exasperante y sólo disfruto el tiempo cuando estoy contigo, de resto preferiría estar muerto o que alguien espichara la babosa, ojala fueras tu. Pero no estás y no se dÓnde puedas estar, de pronto en tu casa, pero prefiero no llamar, no quiero que te canses, que pienses que no tengo nada más que hacer en mis días que pensarte, además prefiero no hablar con esa otra persona que debe estar ahí contigo. Ojala me llamaras y me dijeras que me esperas ya en la calle con una botella y muchos cigarrillos para que caminemos juntos hasta embriagarnos y comernos la noche una vez más. Que te aparecieras con un frasquito lleno de sal para echarle a esta maldita babosa y quedarnos viendo y riéndonos mientras se derrite, pero no pasa nada, no hay señales de que estés viva, ni siquiera siento las orejas como para decir que me estas pensando, ojala las tuyas se estallen.
SOY UNA PIEDRA
Hoy quiero ser una piedra. Hay días que quiero ser zancudo y meterme a tu cuarto, joderte la vida sin que puedas verme, meterme en tus sábanas y hacerte ronchitas en la piel, o mejor un avión y meterme en las sábanas azulcielo de otros países, de otras ciudades, recorrerlas de arriba abajo haciendo zumbiditos que te despierten un domingo a las seis de la mañana. Hay días en que simplemente quiero seguir siendo una hoja de un árbol altísimo y caer y caer sin control alguno, sólo planear movido por el viento y nunca llegar a ninguna parte, nunca tocar el suelo, o quedar aplastado en el asfalto hasta que un señor del aseo urbano me barra y me meta en una bolsa de basura bien cerrada para que ni la mas inclemente brisa pueda sacarme, hasta que me ahogue y toda mi clorofila se mezcle con el plástico y nazca un árbol de basura sublime con frutos verdes y podridos.
Es más fácil hablar mierda y caer bien, mas fácil ser ropa y estar a la moda, más fácil maquillarse y tapar las cicatrices, una buena retórica y envolverte en palabras falsas disfrazaditas de lo que quieras oír, pero no me gusta la mierda ni estar a la moda por estar a la moda, ni falsear dándomelas de retórico, no se hablar, entonces tengo que callar, elegí el silencio o simplemente los ruiditos, elegí hablar sin sentido o con otras palabras para no mezclarme con el olor de tus supuestas verdades, para que pocos puedan oírme y no joderme tanto la vida que ya esta bien llena de mierda como para que vengas con tus posturas y palabritas a terminar de joderla, es difícil cuando corres con el peso de tus decisiones, ya lo sabes y no vale quejarse y ser un mártir de tus ideas, pero a veces no hay a la vista nadie que deconstruya el lenguaje y la realidad para compartir el no sentido, no el sin sentido.
Hoy quiero ser una piedra y no sentir nada, talvez una roca en un arrecife y que las olas del mar me peguen en todo el cuerpo, pero no siento porque soy roca, solo imagino cómo se siente el mar cacheteándome cada vez que le da la gana, como un niño de ocho meses que no sabe nada del mundo y sólo tiene tiempo para imaginar e interpretar a su antojo todo lo que sus sentidos perciben, ni siquiera sabe palabras para nombrar, no conoce de sentimientos para sentir, no sabe de futuro para soñar ni de conceptos para explicar, esta perdido en la nada del momento eterno donde es uno con el universo. Así quiero, así me gusta, para qué las palabras cuando tienen que ser usadas para un único fin. Para qué el lenguaje cuando te corrompe y te convierte en “toda una persona” madura y correcta. Qué sentido hay en bailar la música que no te gusta. No hay nada más ridículo que ser persona de bien y pensar que todo está bajo control, nada más estúpido que pretender hacer entender lo que piensas con discursos típicos, hablando como te enseñaron para poder “comunicarte” con tus afines usando las palabras del diccionario y tus cuadernos de Español. Yo prefiero ver el mundo arder a pensar que un hombre puede tener el poder para “salvarnos”, prefiero ser una bomba y volar todo en pedazos que ser sorbitos de agua que refrescan la esperanza y el miedo de a pequeñas dosis hipócritas y egoístas.
Vamos a tomarnos una botella de whisky y ver el mundo arder desde una ventana del cielo, compremos un paquete de cigarros y muramos cuando se haya acabado, cuando estemos ebrios y las llamas empiecen a consumirnos el cuerpo evaporando el alcohol y reduciéndonos a humo y olor a nicotina, no quiero ser nada más que un cigarro, que me beses y luego me dejes salir volando intoxicando el aire con tus besos y mi dolor.
Hoy quiero ser una piedra llena de gasolina y que un pequeño rufián me encienda y me arroje contra la ventana del carro del padrastro de su novia que no los deja en paz, romperla toda y caer en la fina cojinería, incendiar todo lo que se llama carro, incendiarle todo lo que se llama orgullo. Quiero ser una piedra y que en un estadio de fútbol un desadaptado me arroje contra la cabeza de un policía, señor agente permítame le rompo todo lo que se llama cabeza para que se le salga tanta pendejada, resentimiento, falsorgullo y sumisión que tiene ahí metida, señor agente que le estoy haciendo un bien y no por eso busco redención o agradecimiento alguno, no busco nada más que ser una piedra señor agente, señor padrastro que no deja a su hija tirar con el novio en paz en su propio cuarto.
Qué quieres ser cuando seas grande. Quiero ser menos grande de lo que ya soy, no quiero ser grande como los grandes, quiero ser tan pequeño que pueda meterme por todas partes, esconderme en cualquier esquina y asustarte cuando aparezcas, jugarte una broma mientras duermes y poder meterme en tus sueños por tus orejas y acecharte, atraparte o simplemente espiarte mientras tu subconsciente se alía conmigo y me dejas ver tus mas oscuros deseos y obsesiones, no dejar de sorprenderte, no trates de huir porque ya te tengo.
Prefiero ser un virus que una vacuna, hacerte sentir pánico antes que hacerte pensar que estas bien y nunca morirás. No un miedo como el de los noticieros, no un miedo como el de los cajeros, los bancos o los aeropuertos, no un miedo terrorista inyectado por la tele, las vallas, la radio y la red, no un miedo que te anestesie, te encadene, te dope y te cohíba, todo lo contrario, un miedo liberador que te haga ver lo que te de la gana ver, un miedo alucinatorio, un miedo que te despierte del absurdo letargo en el que cada vez te hundes más, en el que estás desde que aprendiste a sentir y hablar, casi desde que naciste, un miedo que te haga correr sin cansarte, gritar sin sonrojarte y estallarte cuando quieras presionar tu botón de acción que esta detrás de tus orejas, si, ese mismo.
Hoy quiero ser una piedra y no sentir nada, pero cómo sabes que no puedo sentir siendo piedra, le crees todo a la ciencia, a los maestros, quiza las piedras sienten de verdad y por eso no hablan, por eso golpean tan duro y por eso nunca mueren, por eso siempre están ahí echadas, viendo los días pasar, con sus sabios ojos invisibles, pero hay de quien se meta con ellas porque lleva del bulto, sabes que talvez las piedras si sienten y por eso no necesitan comunicarse con falsas palabritas o lenguajes artificiales, o alguna vez has visto una roca con boca. Debe ser por eso que están ahí tan duras, tan firmes. Hoy quiero ser una piedra y no sentir nada de lo que la gente siente, hoy quiero ser una gigante y darle en la cabeza a todo el mundo, que alguien me arroje desde un globo aerostático y te rompa la crisma en dos, o caer en el mar y salpicar tanta pero tanta agua que todo el mundo se inunde y tengas que aprender a respirar bajo el agua.
Es más fácil hablar mierda y caer bien, mas fácil ser ropa y estar a la moda, más fácil maquillarse y tapar las cicatrices, una buena retórica y envolverte en palabras falsas disfrazaditas de lo que quieras oír, pero no me gusta la mierda ni estar a la moda por estar a la moda, ni falsear dándomelas de retórico, no se hablar, entonces tengo que callar, elegí el silencio o simplemente los ruiditos, elegí hablar sin sentido o con otras palabras para no mezclarme con el olor de tus supuestas verdades, para que pocos puedan oírme y no joderme tanto la vida que ya esta bien llena de mierda como para que vengas con tus posturas y palabritas a terminar de joderla, es difícil cuando corres con el peso de tus decisiones, ya lo sabes y no vale quejarse y ser un mártir de tus ideas, pero a veces no hay a la vista nadie que deconstruya el lenguaje y la realidad para compartir el no sentido, no el sin sentido.
Hoy quiero ser una piedra y no sentir nada, talvez una roca en un arrecife y que las olas del mar me peguen en todo el cuerpo, pero no siento porque soy roca, solo imagino cómo se siente el mar cacheteándome cada vez que le da la gana, como un niño de ocho meses que no sabe nada del mundo y sólo tiene tiempo para imaginar e interpretar a su antojo todo lo que sus sentidos perciben, ni siquiera sabe palabras para nombrar, no conoce de sentimientos para sentir, no sabe de futuro para soñar ni de conceptos para explicar, esta perdido en la nada del momento eterno donde es uno con el universo. Así quiero, así me gusta, para qué las palabras cuando tienen que ser usadas para un único fin. Para qué el lenguaje cuando te corrompe y te convierte en “toda una persona” madura y correcta. Qué sentido hay en bailar la música que no te gusta. No hay nada más ridículo que ser persona de bien y pensar que todo está bajo control, nada más estúpido que pretender hacer entender lo que piensas con discursos típicos, hablando como te enseñaron para poder “comunicarte” con tus afines usando las palabras del diccionario y tus cuadernos de Español. Yo prefiero ver el mundo arder a pensar que un hombre puede tener el poder para “salvarnos”, prefiero ser una bomba y volar todo en pedazos que ser sorbitos de agua que refrescan la esperanza y el miedo de a pequeñas dosis hipócritas y egoístas.
Vamos a tomarnos una botella de whisky y ver el mundo arder desde una ventana del cielo, compremos un paquete de cigarros y muramos cuando se haya acabado, cuando estemos ebrios y las llamas empiecen a consumirnos el cuerpo evaporando el alcohol y reduciéndonos a humo y olor a nicotina, no quiero ser nada más que un cigarro, que me beses y luego me dejes salir volando intoxicando el aire con tus besos y mi dolor.
Hoy quiero ser una piedra llena de gasolina y que un pequeño rufián me encienda y me arroje contra la ventana del carro del padrastro de su novia que no los deja en paz, romperla toda y caer en la fina cojinería, incendiar todo lo que se llama carro, incendiarle todo lo que se llama orgullo. Quiero ser una piedra y que en un estadio de fútbol un desadaptado me arroje contra la cabeza de un policía, señor agente permítame le rompo todo lo que se llama cabeza para que se le salga tanta pendejada, resentimiento, falsorgullo y sumisión que tiene ahí metida, señor agente que le estoy haciendo un bien y no por eso busco redención o agradecimiento alguno, no busco nada más que ser una piedra señor agente, señor padrastro que no deja a su hija tirar con el novio en paz en su propio cuarto.
Qué quieres ser cuando seas grande. Quiero ser menos grande de lo que ya soy, no quiero ser grande como los grandes, quiero ser tan pequeño que pueda meterme por todas partes, esconderme en cualquier esquina y asustarte cuando aparezcas, jugarte una broma mientras duermes y poder meterme en tus sueños por tus orejas y acecharte, atraparte o simplemente espiarte mientras tu subconsciente se alía conmigo y me dejas ver tus mas oscuros deseos y obsesiones, no dejar de sorprenderte, no trates de huir porque ya te tengo.
Prefiero ser un virus que una vacuna, hacerte sentir pánico antes que hacerte pensar que estas bien y nunca morirás. No un miedo como el de los noticieros, no un miedo como el de los cajeros, los bancos o los aeropuertos, no un miedo terrorista inyectado por la tele, las vallas, la radio y la red, no un miedo que te anestesie, te encadene, te dope y te cohíba, todo lo contrario, un miedo liberador que te haga ver lo que te de la gana ver, un miedo alucinatorio, un miedo que te despierte del absurdo letargo en el que cada vez te hundes más, en el que estás desde que aprendiste a sentir y hablar, casi desde que naciste, un miedo que te haga correr sin cansarte, gritar sin sonrojarte y estallarte cuando quieras presionar tu botón de acción que esta detrás de tus orejas, si, ese mismo.
Hoy quiero ser una piedra y no sentir nada, pero cómo sabes que no puedo sentir siendo piedra, le crees todo a la ciencia, a los maestros, quiza las piedras sienten de verdad y por eso no hablan, por eso golpean tan duro y por eso nunca mueren, por eso siempre están ahí echadas, viendo los días pasar, con sus sabios ojos invisibles, pero hay de quien se meta con ellas porque lleva del bulto, sabes que talvez las piedras si sienten y por eso no necesitan comunicarse con falsas palabritas o lenguajes artificiales, o alguna vez has visto una roca con boca. Debe ser por eso que están ahí tan duras, tan firmes. Hoy quiero ser una piedra y no sentir nada de lo que la gente siente, hoy quiero ser una gigante y darle en la cabeza a todo el mundo, que alguien me arroje desde un globo aerostático y te rompa la crisma en dos, o caer en el mar y salpicar tanta pero tanta agua que todo el mundo se inunde y tengas que aprender a respirar bajo el agua.
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