martes, 29 de diciembre de 2009

DE LOS DESESPERANZADOS Y SU INFINITA CONTRADICCIÓN

De la infinita Fe y desesperanza no queda nada más que dejarse caer a un futuro absolutamente incierto. Si el amor ya tuvo su momento y murió, si la gente dejó que ganara el poder del miedo y el silencio impuestos, yo no quiero vivir donde ya todo está establecido, donde nadie cree en los sueños, donde nadie quiere recordar. Si bien es consuelo perder la memoria y pensar sólo en lo que esta sucediendo en el momento que se prende un cigarro o se cruza una calle y pretender actuar de acuerdo al instante sin tener en cuenta pasado o futuro que no existen, yo prefiero pensar que tal vez existirá un día cuando en medio del pantano comience a gestarse un nuevo mundo lleno de posibilidades para recuperar la inocencia sin perjudicar a nadie, cuando ya todo esté lo suficientemente jodido como para que pueda dañarse más, pero aun falta. Mientras tanto seguir flotando, en esta generación que no tiene ni nombre, un ripio de la historia descuartizada heredada, un ensimismamiento contemplativo del que muy pocos lograrán sacar algo, de resto morirán en vano, en más número que cualquier generación pasada. Los sobrevivientes serán portadores de una antorcha apagada que los que vienen encenderán con algo distinto al fuego.

Todo ha muerto; dios, familia, patria y principios no son más que conceptos obsoletos. Partidos políticos, clases sociales, ya todo tan desgastado tan sucio de trayecto malgastado que no vale la pena que alguien más se mate por ellos. Nada puro; ni el hombre, ni el sueño; todo quebrado, todo roído, solamente intelectualismos separatistas, refugios de química y licor y la sublimidad del sexo, el último placer que condena a una pequeña idea de eternidad, la última idea de pureza en medio del pecado, de lo inservible e irreprochablemente instintivo, comienzo y medio y fin, resumen de la condición eléctrica del universo; el simple hedonismo a punto de ahogarse. Podrido está el mundo y las intenciones de los hombres, no hay héroes y no creo en que haya esperanza de levantar la voz por algo tan inútil como el anhelo de igualdad y justicia entre millones de animales con conciencia perdida. Prefiero ver el caos, el aniquilamiento final de las especies, del hombre con el hombre, la supervivencia del más vivo. Para qué esperar igualdad, para qué soñar con justicia y amor cuando no recibí amor de quien juró amarme, cuando le rompí la cara de ira al encontrarla durmiendo con otro. Que nadie hable de altruismo, que simplemente si quieren salvar el mundo se salven a si mismos, dos posibilidades para esto; la primera consiste en el aniquilamiento personal, puede ser instantáneo o progresivo, si eres un germen púdrete pudriendo todo a tu paso, pero nada de arrepentimientos hasta que acabes por aniquilarte volviéndote polvo que sopla la brisa de cualquier día. La otra manera es jugando a nunca perder la conciencia, nunca lastimando a nadie pero en serio, respetando al de al lado, tratando de ser ecuánime y no afectar el alma de quien te rodea; pero así corres el riesgo de olvidarte un poco de ti y tu voluntad personal por respeto a los demás, también de ser traicionado en lo más profundo de tu concepción sobre respeto y amor. Entonces tu decides, virus o vacuna, pero siempre inyección, fiel a ti mismo, ahí está la eterna confrontación pasión, emoción, razón y conciencia; hasta dónde puedo ser yo mismo sin afectar a los demás. Que más da, cuando lo intente todo prefiero serme fiel a mi mismo y no dar carta abierta a que me jodan la vida más de lo que ya está, prefiero ser el primero en lanzar la piedra y romperte el mundo. Si el que se afecta es uno mismo permitiéndose el dolor, prefiero no dar posibilidad de que alguien se adentre en mi mundo.

Ser una pared donde todo rebota pero nadie ve la puerta, porque mi capacidad de sufrimiento es imperdonablemente infinita. El recurso y disculpa es pasarle el balón al otro, finalmente las acciones son puras si vienen de la voluntad y deseo individual, entonces puedo matarte cuando me venga en gana y no mereceré castigo alguno pues tu eres quien sufrió, yo simplemente actué obedeciendo a la pureza y voluntad de mi alma.

Cuando la ambigüedad prima por sobre todas las posibles interpretaciones de las acciones y palabras de las personas, no queda más remedio que olvidarse del mundo y vivir según la propia satisfacción de los deseos más inmediatos. El tiempo corre y sólo él obliga a ir destapando las cartas, probablemente mañana mi juego sea otro, pero mañana no existe y hoy puedo quemar todas mis cartas y guardarme un comodín por si llego a necesitarlo en el segundo que viene luego del caos.

En la contradicción está la razón de la conducta más pura que no reconoce alguna postura como simple y definitiva ya que el alma indomable es tan antigua y compleja que tiene mil máscaras, mil disfraces que va usando continuamente sin conocer límites o barreras, sin encasillarse en ninguna postura, sólo jugando a los dados y las mil posibilidades, la dinámica naturaleza diversa y mutable del hombre, la diversidad en deseos, concepciones y emociones que hacen que sea posible una eterna transmutación, una continua transgresión a lo previamente considerado establecido.

Jugar a correr y gritar, a ir saltando hasta quedar exhausto, pero lo que sea que hagas que sea con la mayor pasión y sentimiento que permite un segundo eterno. Es lo mínimo que mereces por el simple hecho de estar soportando la condición de estar vivo confiando en que la muerte traiga una nueva experiencia diferente y sublime; pero sin temerle, más bien siendo en lo único que confiemos, ya que es lo único que está seguro como futuro posible.

Perder todo pudor, toda vergüenza y pena estúpidas. Recuperar el valor y el orgullo de ser quien se es, la autenticidad que no tiene precio, ser la verdad auténtica y caminante, la única verdad es que eres lo que eres y nadie puede comprar tu voluntad, entonces no la regales por la cobardía de los sentimientos que a veces nublan la vista y se disfrazan de algo que llaman amor, amor que crea y destruye, amor que lastima y premia, que sofoca y mata, que olvida y juega con tu dignidad como con títere de carnaval. Si tienes que amar, ama y amate y córtale las venas a quien quiera venir a ultrajarte de amor, a ver si arrastrándose viene a pedirte que sutures su herida.

Nadie ama a nadie más que a si mismo y tal vez a la tierra como lugar de vida, muerte y perdición, pero el amor es una de tantas vanidades, como la libertad y en menor medida el perdón y la repugnante compasión. La libertad es una prostituta parada en una esquina esperando a qué encadenarse, a los deseos más individuales de autosatisfacción para después presumir de si misma alegando ser su propia naturaleza, mirándose al espejo y amándose por el hecho de hallar libre su esencia, retocándose el maquillaje que perdió asesinando otra libertad. Libre de qué si no se puede ser libre de uno mismo y la propia naturaleza, desde el comienzo nacemos engañados, supuestamente gozando de este privilegio, pero entonces prefiero morir encadenado en una oscura celda imaginando, a vivir presumiendo de libre para justificar mis actos. Falacias, falta de yo sería explicar lo que quiero, simplemente no veo necesario justificar algo cuando me vino en gana hacerlo, si quiere matarme, hágalo, mañana recogen mi cadáver y todo regresa a su lugar. Obviamente no somos iguales, nadie lo es, nos arrojaron con una misma maleta, pero en el camino vamos negociando con lo que hay adentro y ahí vamos truequeando entre todos, unos ganando y unos perdiendo, unos enriqueciéndose de yo; otros empobreciéndose de amor y vanidad.

Si no hay más fe que en la muerte, entonces arrójese al abismo de la vida mientras esta dure, porque la ingenuidad del hombre y la ingenuidad de la fe pueden llegar a confundir y hacer pensar que hemos triunfado cuando sólo somos unos bichos conformes y sin cabeza, sin ojos, ni manos, ni mucho menos pies, así que compre un arma y mate al que vaya a dispararle y luego escúpalo y descuartícelo, porque si no, eso será lo que hagan con usted. Basta de pensamientos e intenciones absurdas e ilusas, estamos hechos de carne y la carne se pudre progresivamente mientras el alma se llena de humo, polución emocional que nubla el mundo y lo hace cada vez más confuso. Así es que vamos caminando sin remedio hacia la oscuridad donde probablemente se halle escondida la belleza que la luz nunca pudo revelar.

Nadie vive de amor, mucho menos de suerte y en ultima medida de buenas intenciones, sólo se puede vivir siendo puro en la reducción de los atributos que consideramos propios. Inocencia inherente a la voluntad de ser, arma que nos hace sublimes y frágiles a la vez, cuídala, no la desperdicies y mucho menos la uses como pretexto, úsala como luz, como dedos para recrearte el mundo a tu medida. Que la inocencia sea valor y fortaleza, no arrepentimiento en lagrimas, finalmente es ella quien te revela las circunstancias de tu paso por el mundo y su impacto sobre ti, no la maldigas, úsala como espada.

Todo es mentira, todo está muerto como muerto estoy en vida. Desde el amor de la amada hasta la tarde cansada de historia, todo es mentira, entonces tienes todo el derecho de recrear para ti el universo. Simplemente creer que lo has visto todo y no lo soportas y es razón para destruirlo y recrearlo todo de una vez por todas.

No tratar de entender lo que se sabe no tiene explicación, no tratar de explicar lo que se sabe no hay manera de entender, no pensar que contradicción es error y ya, simplemente seguir rodando por el camino escogido, sabiendo que no habrá fin, que el único fin será por mucho un estado de transe a otro camino. No confiar en nadie, en nada, porque todos traemos la misma maleta con la que vamos negociando, unos ganando, unos perdiendo, pero nunca arriesgando la maleta y así apuntar a controlar el sufrimiento cuando se asoma a la ventana, cerrársela en la cara luego de escupirlo.

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