Embudo el corazón, mental la prisión
la espalda tensa atada en nudos
a la amenazante lluvia de primavera
que ahoga los pajaritos que acaban de nacer
Minutos que pasan y el estómago vacío de angustia
suplica un sonido más que telepático,
así me doy cuenta que vuelvo a caer
Las ventanas crujiendo,
el viento macabro arrastra la voz de los perros del barrio.
La luz tenue amarilla y tu olor en mi negro abrigo
son el único consuelo ante tu maldita ausencia
de menos de un día…
Aunque corta se torna abismal
y Santiago aun más siniestro comienza a temblar
muy dentro de mí.
Lo que pasa es que me está atrapando
y me gusta dejarme caer,
lo que pasa es que me estás gustando
y otra vez en tus brazos me quiero perder
Tu cuerpo cálido,
mi rostro pálido aun está vivo.
Tu olor nocturno cubre de luz
la oscuridad perversa que me acecha
cuando decido desviarme rumbo al vicio asesino infernal
Entonces regreso a tu cama
y blanca me abrazas y consientes mi boca en tu boca.
Entre tu pelo perdí los dedos,
entre tu cuerpo perdí los miedos
y el nuevo vicio susurra tu nombre
cual mantra que rebosa el vaso
antes agonizante por ganas de amar
Te preguntas si tanto así,
te aseguro que tonto sí pero siempre real.
No te asustes,
sólo sigue,
en tu juego navego,
en tu fuego me quemo sin pensar en final.
Ya lo dijiste…
Tienes el poder dominante
de hacerme aparecer y desaparecer,
y esa soberbia me enciende de ganas
de hacerme de carne y de mar
hasta que quieras comerme e irte a nadar
Teatro y canciones en el fondo del mar,
hay para más…
Sólo abre los pulmones, no cierres la puerta
y atrévete a respirar
que debajo del agua juntos no nos vamos a ahogar
sábado, 7 de septiembre de 2013
sábado, 10 de marzo de 2012
DEL CIRCO DE LA LUNA MULTICOLOR, LOS MACHOS (Publicado en Siete Borreguitos - Buenos Aires Argentina, febrero de 2012)
Todos van al circo de la luna multicolor en un sórdido bar, en una calle oscura en el barrio donde todos anhelan ir a encontrar una dosis de placer hedonista cualquier día en la semana. Hoy es martes, hace calor, demasiado para la gente de la montaña, de pronto por eso allá arriba tienen más dura la piel; las cucarachas buscan los lugares más cálidos y oscuros.
El volumen alto de los parlantes en el bar impide que las personas se escuchen al hablar entre si, por eso están obligadas a bailar bien cerquita y gritarse al oído, por donde entra el aire de boca ajena cabalgando los decibeles de la música, consiente esos pelitos diminutos y hace cosquillas ricas, al final llega al cerebro moviendo frágiles fibras que estimulan diversas latitudes del cuerpo. Igual el exceso de palabras pierde relevancia, entonces hay que ser lo mas breve y enfático. Mientras tanto el sudor fluye libre por los poros humectando la piel y enlagunando otras superficies corporales; se suma la humedad propia de calor y el sudor se hace río y muchos ríos llegan al mar que está en la pista. Allí donde se rozan los cuerpos y se hace del baile el ritual más infame y delicioso.
Todos como raritos de circo; unos con los ojos cerrados volando con la música hacia coloridos universos fractales sin darle importancia a si existe alguien más en el mundo de los ojos abiertos. Otros moscos ebrios saltando de un lado a otro buscando el que les busque problema. Otros como vampiritos buscando víctimas, deliciosas venas y la posibilidad de lamer nuevos ríos de sudor y demás fluidos; algunos lo consiguen, otros consiguen al menos saborear los labios de otra persona en busca de lo mismo.
Aires libidinosos inundan a atmosfera del recinto; se buscan y se encuentran miradas, se acechan y se rechazan manos, palabras y dosis de baile mientras algunos en el baño aceptan dosis de velocidad y aguante para tolerar el vertiginoso ritual. Otros ya van de a dos y sólo bailan entre ellos, ella se le cuelga a él y casi follan con ropa durante toda la noche, como si su mayor placer fuese el atraer miradas. Hay quienes van solos y no les importa; esos son de mis favoritos, bailan toda la noche sin prejuicio y si terminan o no con alguien les da igual. Están los ansiosos que no paran de fumar y tomar porque no encuentran qué diablos hacer con las manos. Los hambrientos lobos (menos elegantes que los vampiros) que parece que fueran a morir si no hallan comida y los pescadores que van de lado a lado del mar buscando pescar el amor de esa noche. Están los que terminan relegados por la fuerza centrifuga y acorralados contra la pared buscan moverse con alguna gracia digna o simplemente apoyarse con estilo esperando a ver del otro lado de la pista una chica hermosa y de apariencia solitaria mientras comienza a sonar Atomic de Blondie y se deciden a cruzar la pista e invitarle un trago, irse con ella o al menos hablarle, cada circo una película. Otros bailan entre amigos radiantes standard sin pretender más que acabarse el coctel y esperar la siguiente canción para bailar hasta que acabe la función; estos últimos no buscan nada pero a veces los peces caen del cielo.
Está el Más. El que huele a James Bond o en su defecto a Bob Marley, pero en ambos casos atraen la mirada de todas las hembras presentes quienes bailan alrededor diciéndoles con sus cuerpos cómeme despacito papasito. Ellos simplemente miran con sus ojos seductores y hacen sus pasos machos alfa relegando a los pequeñitos, gorditos, a los flaquitos o a los más raritos que intentan seguir pataleando para no ahogarse.
Así transcurren seis o siete u ocho horas, depende de cada cual cuando termina su función. Unos se van tristes jurándose perdedores, otros con un número nuevo en el celular, otros no pueden ni irse y a otros se los llevaron antes, unos tienen los dientes llenos de sangre, otros las redes vacías, algunos lobos han muerto esa noche pero otros van con su presa a la guarida. Unos no tienen a donde ir y sus ojos hechos sólo pupila buscan seguir de noche mientras les llega el sueño.
Al amanecer hay más hoteles llenos, hay más carros con los vidrios empañados y más departamentos con ropa tirada en el suelo. Hay más olor a sudor y rostros decadentes y reales. El bar queda vacío, la luna multicolor le da paso al sol bombillo y unos cuantos hombrecitos limpian los ripios de mar y preparan el recinto circense para la función de la noche siguiente.
El volumen alto de los parlantes en el bar impide que las personas se escuchen al hablar entre si, por eso están obligadas a bailar bien cerquita y gritarse al oído, por donde entra el aire de boca ajena cabalgando los decibeles de la música, consiente esos pelitos diminutos y hace cosquillas ricas, al final llega al cerebro moviendo frágiles fibras que estimulan diversas latitudes del cuerpo. Igual el exceso de palabras pierde relevancia, entonces hay que ser lo mas breve y enfático. Mientras tanto el sudor fluye libre por los poros humectando la piel y enlagunando otras superficies corporales; se suma la humedad propia de calor y el sudor se hace río y muchos ríos llegan al mar que está en la pista. Allí donde se rozan los cuerpos y se hace del baile el ritual más infame y delicioso.
Todos como raritos de circo; unos con los ojos cerrados volando con la música hacia coloridos universos fractales sin darle importancia a si existe alguien más en el mundo de los ojos abiertos. Otros moscos ebrios saltando de un lado a otro buscando el que les busque problema. Otros como vampiritos buscando víctimas, deliciosas venas y la posibilidad de lamer nuevos ríos de sudor y demás fluidos; algunos lo consiguen, otros consiguen al menos saborear los labios de otra persona en busca de lo mismo.
Aires libidinosos inundan a atmosfera del recinto; se buscan y se encuentran miradas, se acechan y se rechazan manos, palabras y dosis de baile mientras algunos en el baño aceptan dosis de velocidad y aguante para tolerar el vertiginoso ritual. Otros ya van de a dos y sólo bailan entre ellos, ella se le cuelga a él y casi follan con ropa durante toda la noche, como si su mayor placer fuese el atraer miradas. Hay quienes van solos y no les importa; esos son de mis favoritos, bailan toda la noche sin prejuicio y si terminan o no con alguien les da igual. Están los ansiosos que no paran de fumar y tomar porque no encuentran qué diablos hacer con las manos. Los hambrientos lobos (menos elegantes que los vampiros) que parece que fueran a morir si no hallan comida y los pescadores que van de lado a lado del mar buscando pescar el amor de esa noche. Están los que terminan relegados por la fuerza centrifuga y acorralados contra la pared buscan moverse con alguna gracia digna o simplemente apoyarse con estilo esperando a ver del otro lado de la pista una chica hermosa y de apariencia solitaria mientras comienza a sonar Atomic de Blondie y se deciden a cruzar la pista e invitarle un trago, irse con ella o al menos hablarle, cada circo una película. Otros bailan entre amigos radiantes standard sin pretender más que acabarse el coctel y esperar la siguiente canción para bailar hasta que acabe la función; estos últimos no buscan nada pero a veces los peces caen del cielo.
Está el Más. El que huele a James Bond o en su defecto a Bob Marley, pero en ambos casos atraen la mirada de todas las hembras presentes quienes bailan alrededor diciéndoles con sus cuerpos cómeme despacito papasito. Ellos simplemente miran con sus ojos seductores y hacen sus pasos machos alfa relegando a los pequeñitos, gorditos, a los flaquitos o a los más raritos que intentan seguir pataleando para no ahogarse.
Así transcurren seis o siete u ocho horas, depende de cada cual cuando termina su función. Unos se van tristes jurándose perdedores, otros con un número nuevo en el celular, otros no pueden ni irse y a otros se los llevaron antes, unos tienen los dientes llenos de sangre, otros las redes vacías, algunos lobos han muerto esa noche pero otros van con su presa a la guarida. Unos no tienen a donde ir y sus ojos hechos sólo pupila buscan seguir de noche mientras les llega el sueño.
Al amanecer hay más hoteles llenos, hay más carros con los vidrios empañados y más departamentos con ropa tirada en el suelo. Hay más olor a sudor y rostros decadentes y reales. El bar queda vacío, la luna multicolor le da paso al sol bombillo y unos cuantos hombrecitos limpian los ripios de mar y preparan el recinto circense para la función de la noche siguiente.
TRES RETAZOS DE MONTAñA Y MAR (Publicado en Siete Borreguitos - Buenos Aires Argentina, diciembre de 2011)
1. Hay noches sin final, hay promesas rotas, amores de un día que se quedan en el mar. Hay pasos sin rumbo, hay sudor del turbio, olor a camino y ríos profundos que cruzar. El miedo que estalla, la pasión que atraganta, doy la vuelta al vicio y me incorporo para amar. Las altas montañas cuidan las andanzas de todo el que quiso dar batalla en soledad.
Y esta vez…
2. Quizás esta vez me aleje de todo y me vaya camino al mar con soledad. La montaña de noche me dice puedo ladrar, nada más que sentarme a mirar los coches como pasan y van andando la carretera, como llegan ya se van y no vuelven nunca más, es transitoria la belleza y la nostalgia del final, luz es la oscuridad. Es renacer cada minuto, es caminar sin ver atrás, es engañar a la razón; jugarle largo sin piedad, es vestir de fiesta la inocencia, es un suspiro sin final, la resistencia a la conciencia, el triunfo de la humanidad, es girar y girar.
Y después…
3. Después no existe sin ahora, no hay segundo paso sin primero, no hay dios sin hombre y menos un camino recto, el ciego camina en línea recta y sin bastón se cae. Sólo hay pies. Sólo hay un río que como dice la canción “te llevara donde dijiste que ibas a llegar y cumplir lo que dijiste ibas a cumplir”. Flotar (inflando el pecho como globo), nadar, mientras aprendo a respirar bajo el agua. Me acompañas?, vamos en verano rumbo al mar, pero un mar donde veamos más arena que gente, vamos a flotar y a botar chorritos de agua por la boca, vamos a hacer concursos del que aguante por más tiempo la respiración, el premio un beso lleno de agua de boca en boca. Entonces sabremos que existió un antes, un ahora y un después y que todos son simplemente ese momento que tardas con el pecho inflado de aire. Luego la ilusión de botar tranquilo todo el aire bajo el agua para bajar y sobrevivir para contarle el viaje a los peces oscuros que habitan las profundidades.
No hay UN único sentido, no hay UNA única verdad, esas son palabras y búsquedas vulgares y obsoletas. lo que te pasa nos pasa. Sólo hay cambio constante y dinamismo transgresivo, ese río que somos cada uno y desemboca en el mar, a donde todos vamos a parar.
“Después” te cuento mas…
Y esta vez…
2. Quizás esta vez me aleje de todo y me vaya camino al mar con soledad. La montaña de noche me dice puedo ladrar, nada más que sentarme a mirar los coches como pasan y van andando la carretera, como llegan ya se van y no vuelven nunca más, es transitoria la belleza y la nostalgia del final, luz es la oscuridad. Es renacer cada minuto, es caminar sin ver atrás, es engañar a la razón; jugarle largo sin piedad, es vestir de fiesta la inocencia, es un suspiro sin final, la resistencia a la conciencia, el triunfo de la humanidad, es girar y girar.
Y después…
3. Después no existe sin ahora, no hay segundo paso sin primero, no hay dios sin hombre y menos un camino recto, el ciego camina en línea recta y sin bastón se cae. Sólo hay pies. Sólo hay un río que como dice la canción “te llevara donde dijiste que ibas a llegar y cumplir lo que dijiste ibas a cumplir”. Flotar (inflando el pecho como globo), nadar, mientras aprendo a respirar bajo el agua. Me acompañas?, vamos en verano rumbo al mar, pero un mar donde veamos más arena que gente, vamos a flotar y a botar chorritos de agua por la boca, vamos a hacer concursos del que aguante por más tiempo la respiración, el premio un beso lleno de agua de boca en boca. Entonces sabremos que existió un antes, un ahora y un después y que todos son simplemente ese momento que tardas con el pecho inflado de aire. Luego la ilusión de botar tranquilo todo el aire bajo el agua para bajar y sobrevivir para contarle el viaje a los peces oscuros que habitan las profundidades.
No hay UN único sentido, no hay UNA única verdad, esas son palabras y búsquedas vulgares y obsoletas. lo que te pasa nos pasa. Sólo hay cambio constante y dinamismo transgresivo, ese río que somos cada uno y desemboca en el mar, a donde todos vamos a parar.
“Después” te cuento mas…
FUEGO EN EL EDIFICIO (Publicado en Siete Borreguitos, Buenos Aires - Argentina noviembre de 2011)
Hay ruidos en casa. A veces me asusto de pensar en sangre, muerte o maldad, pero como todo son puras especulaciones, nada de lo que pretenda salvar va a a estar a salvo si no me atrevo a mirar el terror a los ojos y seguir soñando. Son doce horas de luz y doce de oscuridad, al menos cuando estoy en un día seguro y de espiritu estable.
Hay ruidos en casa; el viento susurra su silbido sinestro, los platos se mueven en la cocina y los vidrios hablan con voz propia. Adentro de la cabeza un terremoto de ideas turbias se pasea cuando es hora de dormir. El tiempo deja de ser tiempo cuando no sabes en qué confiar. Hay ruidos en casa y la cerradura de la puerta se averió, un asesino en serie podría entrar esta noche y degollarme de placer masturbatorio mientras duermo, hay noches más oscuras que el sonido del silencio reflexivo y justiciero, entonces ni la frazada más blanca puede arroparme de tranquilidad hasta que logre poner en su lugar cada plato en la cocina, cada ruido en las ventanas y hasta que el silbido siniestro se convierta en caricia de espíritu tras renunciar a lo innecesario y sacar la basura de la casa.
Sí tu vecino está en llamas mejor déjalo quemar, no sacrifiques tus zapatos sí el no quiere caminar, a veces el renunciar no significa abandonar, por el contrario es una trascendencia evolutiva y personal; sales caminando del edficio en llamas, el vecino sólo podrá salvarse a sí mismo cuando logre dejar sus preciados bienes atrás en la hoguera. Cada uno lleva adentro su calvario, cada uno es dueño de sus miedos e inseguridades, no te cargues con sobrepeso sólo por querer esperar hasta que tu vecino se ponga a salvo.
Hay ruidos en casa y no van morir hasta que decida apagar los ojos con calma para seguir soñando, hasta que concilie mi voluntad y mis actos, hasta que respete mi individualidad. Sí el vecino quiere seguir con miedo es cosa suya, ya lo invité varias veces a tomar café, ya lo escuché mil veces hablar de intenciones pero pocas acciones he visto a la hora del la lucha diaria. Sí me quedo esperando me quemo con él y no estoy dispuesto a morir en llamas si puedo salir firme del incendio. Tampoco de nobleza jugaré al heroe porque el vecino testarudo anda atando sus pesados muebles a su mochila, anda tratando de llevar todas sus fotos del pasado y la ropa vieja mientras el fuego consume su casa y su corazón.
Cuando duermes mutas de cuerpo y viajas entre dimensiones, no necesitas llevar nada más que tu esencia vital. Entonces organizo mis platos y le abro la puerta al viento que me besa, el temor irá desapareciendo en cuanto vaya saliendo del edificio y simplemente espero que algun día mi vecino se haga amigo del fuego antes de terminar de consumirse entero entre sus penas y cenizas, entonces me invitará un café caliente y lo pagaré con un abrazo. Yo descansaré tranquilo esta noche, mi espíritu está de nuevo nadando en calma y paz.
Hay ruidos en casa; el viento susurra su silbido sinestro, los platos se mueven en la cocina y los vidrios hablan con voz propia. Adentro de la cabeza un terremoto de ideas turbias se pasea cuando es hora de dormir. El tiempo deja de ser tiempo cuando no sabes en qué confiar. Hay ruidos en casa y la cerradura de la puerta se averió, un asesino en serie podría entrar esta noche y degollarme de placer masturbatorio mientras duermo, hay noches más oscuras que el sonido del silencio reflexivo y justiciero, entonces ni la frazada más blanca puede arroparme de tranquilidad hasta que logre poner en su lugar cada plato en la cocina, cada ruido en las ventanas y hasta que el silbido siniestro se convierta en caricia de espíritu tras renunciar a lo innecesario y sacar la basura de la casa.
Sí tu vecino está en llamas mejor déjalo quemar, no sacrifiques tus zapatos sí el no quiere caminar, a veces el renunciar no significa abandonar, por el contrario es una trascendencia evolutiva y personal; sales caminando del edficio en llamas, el vecino sólo podrá salvarse a sí mismo cuando logre dejar sus preciados bienes atrás en la hoguera. Cada uno lleva adentro su calvario, cada uno es dueño de sus miedos e inseguridades, no te cargues con sobrepeso sólo por querer esperar hasta que tu vecino se ponga a salvo.
Hay ruidos en casa y no van morir hasta que decida apagar los ojos con calma para seguir soñando, hasta que concilie mi voluntad y mis actos, hasta que respete mi individualidad. Sí el vecino quiere seguir con miedo es cosa suya, ya lo invité varias veces a tomar café, ya lo escuché mil veces hablar de intenciones pero pocas acciones he visto a la hora del la lucha diaria. Sí me quedo esperando me quemo con él y no estoy dispuesto a morir en llamas si puedo salir firme del incendio. Tampoco de nobleza jugaré al heroe porque el vecino testarudo anda atando sus pesados muebles a su mochila, anda tratando de llevar todas sus fotos del pasado y la ropa vieja mientras el fuego consume su casa y su corazón.
Cuando duermes mutas de cuerpo y viajas entre dimensiones, no necesitas llevar nada más que tu esencia vital. Entonces organizo mis platos y le abro la puerta al viento que me besa, el temor irá desapareciendo en cuanto vaya saliendo del edificio y simplemente espero que algun día mi vecino se haga amigo del fuego antes de terminar de consumirse entero entre sus penas y cenizas, entonces me invitará un café caliente y lo pagaré con un abrazo. Yo descansaré tranquilo esta noche, mi espíritu está de nuevo nadando en calma y paz.
FRIA (Publicado en Siete Borreguitos - Buenos Aires Argentina, Octubre de 2011)
Hay momentos que no alcanzan a convertirse más que en manchas difusas como de una noche excesiva de alcohol y luego se van por el excusado. Existen otros que están ahí como el que no quita ni aporta y existen otros que uno quisiera borrar para siempre tomando alguna droga poderosa o metiendo la cabeza en el excusado, pero se aferran con garras a la memoria, se enconan en el fondo y te hacen enfermar progresivamente.
Camino y tomo el subte, la gente atiborrada de recuerdos viendo hacia atrás en sus cabezas mientras dentro del ágil gusano se deslizan intravenosos por la ciudad. A veces quisiera reventar en llanto de provocación, llanto mentiroso pero honrado como el ladrón que roba pero no mendiga. A veces quisiera decirle a esa linda chica de la silla de enfrente “llévame a la mierda” y darle las llaves de mi perdición, pero quién confiaría en alguien que con esas palabras se acerque y ande regalando las llaves con ganas de ensuciarse. Las formulas premeditadas no son más que planes aburridos para sentarse en la silla dura y borra línea de la seguridad llevando metódicamente a cabo las pautas para no perder el puesto en la feria del deseo. Seco como un héroe en decadencia. Aburrido, sin sabor ni color ni gozo. Entonces mejor llévate las llaves y cuando estés en superficie nuevamente fuera del gusano rutinario búscame en Corrientes y perdámonos por el rio frio de gente, sudor y éxtasis de smog.
Nada termina cuando no se concreta entonces tengo opción, entonces la estoy espiando y le hablo sin hablar, a veces siento que me escucha pero tal vez no me entiende entonces sólo me queda gritarle con los ojos, un día la voy a hacer llorar por provocación, prometido. Pero aun no sabe ni responde mi gesto de auxilio y oferta de una realidad que ni alcanza a imaginar. Como siempre sólo mirando regia al frente, la única entre todos, tan convencida que si la hago dudar se cae, tan fría que si la enciendo se derrite, tan de mentiritas que si la soplo desaparece llevándose la dicha pero no me atrevo aun, quiero seguir imaginándola, viéndola y espiándola, esperando el momento en que salga tras de mi, toque mi hombro y seamos vomitados de las rutas intravenosas hacia las Corrientes extasiadas de smog donde me abrace y me entregue las llaves de su perdición.
Pero no pasa nada, sigo soñando con los ojos abiertos y el frondoso árbol de posibilidades, sigo sentado en el subte mirando los rostros aburridos que siguen mirando hacia atrás en sus cabezas. Ella sigue su camino y sale del gusano llevándose consigo mi calor subterráneo y dándome a cambio otra vez la sensación de enfermedad, de semilla que alimenta las ganas de que pronto regrese primavera.
Camino y tomo el subte, la gente atiborrada de recuerdos viendo hacia atrás en sus cabezas mientras dentro del ágil gusano se deslizan intravenosos por la ciudad. A veces quisiera reventar en llanto de provocación, llanto mentiroso pero honrado como el ladrón que roba pero no mendiga. A veces quisiera decirle a esa linda chica de la silla de enfrente “llévame a la mierda” y darle las llaves de mi perdición, pero quién confiaría en alguien que con esas palabras se acerque y ande regalando las llaves con ganas de ensuciarse. Las formulas premeditadas no son más que planes aburridos para sentarse en la silla dura y borra línea de la seguridad llevando metódicamente a cabo las pautas para no perder el puesto en la feria del deseo. Seco como un héroe en decadencia. Aburrido, sin sabor ni color ni gozo. Entonces mejor llévate las llaves y cuando estés en superficie nuevamente fuera del gusano rutinario búscame en Corrientes y perdámonos por el rio frio de gente, sudor y éxtasis de smog.
Nada termina cuando no se concreta entonces tengo opción, entonces la estoy espiando y le hablo sin hablar, a veces siento que me escucha pero tal vez no me entiende entonces sólo me queda gritarle con los ojos, un día la voy a hacer llorar por provocación, prometido. Pero aun no sabe ni responde mi gesto de auxilio y oferta de una realidad que ni alcanza a imaginar. Como siempre sólo mirando regia al frente, la única entre todos, tan convencida que si la hago dudar se cae, tan fría que si la enciendo se derrite, tan de mentiritas que si la soplo desaparece llevándose la dicha pero no me atrevo aun, quiero seguir imaginándola, viéndola y espiándola, esperando el momento en que salga tras de mi, toque mi hombro y seamos vomitados de las rutas intravenosas hacia las Corrientes extasiadas de smog donde me abrace y me entregue las llaves de su perdición.
Pero no pasa nada, sigo soñando con los ojos abiertos y el frondoso árbol de posibilidades, sigo sentado en el subte mirando los rostros aburridos que siguen mirando hacia atrás en sus cabezas. Ella sigue su camino y sale del gusano llevándose consigo mi calor subterráneo y dándome a cambio otra vez la sensación de enfermedad, de semilla que alimenta las ganas de que pronto regrese primavera.
MAS RUIDOSO QUE LA BULLA (Publicado en Siete Borreguitos - Buenos Aires Argentina, Julio de 2011)
¿No somos más puros y sensatos cuando niños, cuando sabemos menos sobre el juego del discurso?
Hemos andado millones de pasos y pronunciado millones de palabras pero nos cuesta emitir un ruidoso silencio. Nacimos llorando y luego hicimos ruiditos para comunicar nuestras necesidades básicas; hambre, sueño o ganas de cagar. Aprendimos después a andar como gatos y cortamos el cordón umbilical del silencio al musitar la primera palabra que llenó de júbilo y orgullo a nuestros padres. En ese momento renunciamos al ripio de quietud y trance que aun nos quedaba del vientre materno y quedamos listos para recorrer junto al resto de la especie las vías de la comunicación hablada.
Algunos con el tiempo aprenden a nadar olímpicamente en el mar de las palabras y unos pocos llamados los desafortunados quedan mudos aparentemente enredados en su cordón sin tener elección de hablar o callar.
La palabra maquilla, transforma, pervierte, miente o simula verdad, la palabra teje como araña y alza enormes edificios que consienten la barriga del cielo del orgullo humano. El más sapiente es el más ilustrado y quien mejor habla. El más callado es el sospechoso, el sicótico y retraído, el malvado. El silencio conspira, esconde, cocina, calcula y espera; el silencio se llena tranquilamente de motivos para dar su estocada sorpresiva y letal, es una serpiente oculta en el carnaval.
En medio del citadino atiborramiento de concreto, de motores y luces de automóvil, el silencio es relegado para la hora del descanso, el resto del tiempo normalmente balbuceamos palabras en vacuas conversaciones pretendiendo que esa es la única forma de fortalecer nuestras relaciones, el conocimiento y la compañía porque el silencio es reflexivo, es políglota y solitario y cada vez son más los que temen encontrarse a si mismos sumergidos oídos cerrados en soledad y por eso se distraen todo el tiempo.
Cómo sería si simplemente nos sentáramos frente a frente mirándonos calladitos a los ojos. Yo creo que esa es una manera muy pura de reconectar nuestros ombligos y conocernos íntimamente en medio de lo no verbal que comunica con más veracidad que todas las palabras que de puro ego creemos saber usar. Visualiza el mundo desde el zenit y observa las autopistas umbilicales con sus ramales conectando a las personas entre sí todo el tiempo. Imagina cuando en silencio piensas en quien amas y este pensamiento viaja por la autopista hasta albergarse en lo profundo de tal persona, o envíale un mensaje silencioso a un amigo en otro país y te aseguro que el mensaje aunque débil y cansado llegará luego de atravesar nevadas montañas y mares turbios entrando por la ventana del cuarto de tu amigo, trepando sus sábanas y metiéndosele como un olorcito por la nariz, una semilla en el cerebro o un ruidito en el estómago. Por el contrario, si gritas el mensaje es probable que este muera al chocar con los miles de ruidos que ebrios vagabundean sin rumbo día y noche por el aire sin llegar jamás a su destino.
La cuestión es estimular esos hilos mudos. Cuando haces el amor no estas hablando todo el tiempo porque te comunicas a un nivel superior, en cambio cuando recién conoces a alguien es sumamente difícil compartir un silencio por más de un minuto, precisamente porque corren el riesgo de percibirse de manera auténtica y desnuda y nadie quiere dejarse ver tal cual de un apenas conocido, nadie quiere destaparse tan breve. Entonces preferimos hablar basura (alguna basura aparentemente interesante) para evitar que luego vayan a hablar basura sobre nosotros pero en el juego perdemos precisamente por hablar basura y vendernos en vez de guardar tranquilamente silencio cuando es más efectivo y veraz.
Vamos a fortalecer las autopistas y a tejer redes silenciosas telepáticas, recuerda que el silencio es políglota, vamos a creer en el vínculo mudo que une todos nuestros ombligos, aprendamos a usar y deconstruir la palabra, aprendamos y perdamos el miedo a nadar y comunicar con el silencio; un arma tan poderosa que cada vez nos la quieren robar más. Vamos entonces a cargar el arma con palabras hasta el momento de disparar silencios como balas. Vamos a encender la leña y cocinar silencio para alimentarnos sin vomitar exceso de palabras.
Hemos andado millones de pasos y pronunciado millones de palabras pero nos cuesta emitir un ruidoso silencio. Nacimos llorando y luego hicimos ruiditos para comunicar nuestras necesidades básicas; hambre, sueño o ganas de cagar. Aprendimos después a andar como gatos y cortamos el cordón umbilical del silencio al musitar la primera palabra que llenó de júbilo y orgullo a nuestros padres. En ese momento renunciamos al ripio de quietud y trance que aun nos quedaba del vientre materno y quedamos listos para recorrer junto al resto de la especie las vías de la comunicación hablada.
Algunos con el tiempo aprenden a nadar olímpicamente en el mar de las palabras y unos pocos llamados los desafortunados quedan mudos aparentemente enredados en su cordón sin tener elección de hablar o callar.
La palabra maquilla, transforma, pervierte, miente o simula verdad, la palabra teje como araña y alza enormes edificios que consienten la barriga del cielo del orgullo humano. El más sapiente es el más ilustrado y quien mejor habla. El más callado es el sospechoso, el sicótico y retraído, el malvado. El silencio conspira, esconde, cocina, calcula y espera; el silencio se llena tranquilamente de motivos para dar su estocada sorpresiva y letal, es una serpiente oculta en el carnaval.
En medio del citadino atiborramiento de concreto, de motores y luces de automóvil, el silencio es relegado para la hora del descanso, el resto del tiempo normalmente balbuceamos palabras en vacuas conversaciones pretendiendo que esa es la única forma de fortalecer nuestras relaciones, el conocimiento y la compañía porque el silencio es reflexivo, es políglota y solitario y cada vez son más los que temen encontrarse a si mismos sumergidos oídos cerrados en soledad y por eso se distraen todo el tiempo.
Cómo sería si simplemente nos sentáramos frente a frente mirándonos calladitos a los ojos. Yo creo que esa es una manera muy pura de reconectar nuestros ombligos y conocernos íntimamente en medio de lo no verbal que comunica con más veracidad que todas las palabras que de puro ego creemos saber usar. Visualiza el mundo desde el zenit y observa las autopistas umbilicales con sus ramales conectando a las personas entre sí todo el tiempo. Imagina cuando en silencio piensas en quien amas y este pensamiento viaja por la autopista hasta albergarse en lo profundo de tal persona, o envíale un mensaje silencioso a un amigo en otro país y te aseguro que el mensaje aunque débil y cansado llegará luego de atravesar nevadas montañas y mares turbios entrando por la ventana del cuarto de tu amigo, trepando sus sábanas y metiéndosele como un olorcito por la nariz, una semilla en el cerebro o un ruidito en el estómago. Por el contrario, si gritas el mensaje es probable que este muera al chocar con los miles de ruidos que ebrios vagabundean sin rumbo día y noche por el aire sin llegar jamás a su destino.
La cuestión es estimular esos hilos mudos. Cuando haces el amor no estas hablando todo el tiempo porque te comunicas a un nivel superior, en cambio cuando recién conoces a alguien es sumamente difícil compartir un silencio por más de un minuto, precisamente porque corren el riesgo de percibirse de manera auténtica y desnuda y nadie quiere dejarse ver tal cual de un apenas conocido, nadie quiere destaparse tan breve. Entonces preferimos hablar basura (alguna basura aparentemente interesante) para evitar que luego vayan a hablar basura sobre nosotros pero en el juego perdemos precisamente por hablar basura y vendernos en vez de guardar tranquilamente silencio cuando es más efectivo y veraz.
Vamos a fortalecer las autopistas y a tejer redes silenciosas telepáticas, recuerda que el silencio es políglota, vamos a creer en el vínculo mudo que une todos nuestros ombligos, aprendamos a usar y deconstruir la palabra, aprendamos y perdamos el miedo a nadar y comunicar con el silencio; un arma tan poderosa que cada vez nos la quieren robar más. Vamos entonces a cargar el arma con palabras hasta el momento de disparar silencios como balas. Vamos a encender la leña y cocinar silencio para alimentarnos sin vomitar exceso de palabras.
miércoles, 13 de julio de 2011
NUEVE VECES
Una dos tres cuatro siete y nueve veces cerré los ojos entre sueños blandos para hacer una gran esfera blanca negra y esponjosa como un copo de algodón del tamaño de la ópera de Sidney. La primera vez que los cerré sólo encontré hierros y olor a azufre. La tercera vez un balín gigante de madera me puso a correr los mil metros y sin zapatos de carrera, finalmente llegué al mar y me hundí. La esfera quedó flotando y salí después casi sin aire pero con el pecho inflado.
La cuarta vez me llevé un buen susto cuando una maraña gigante de monstricos de vello púbico amenazaba con aplastarme y tragarme, como la bola de la película Critters, esta vez ya me había robado unos tennis Pegaso de carrera larga y anti púbica.
Ya en la séptima carrera una preciosa bola de cristal emergió como moco aguado de uno de los miles de orificios en la madera que había quedado pudriéndose a la orilla del mar. Sólo me pregunté quién sería el sopla cristal; un pez con pulmones de superhombre, una tortuga con gripa o una pandilla de gorgojos sopladores. entonces boté mis Pegaso a la boca del mar y me dedique a respirar y soplar en contravía a la brisa
Octavo intento y me hice amigo del viento entonces me invito a jugar, juntamos pedacitos de pluma de cuervo y gaviota que nos regalaban cuando bajaban y les ayudábamos a cazar. Construí un Kiosko de papel de madera podrida y comenzé a modelar pluma en forma de esfera
A la novena vez al fin tuve mi gran esfera blanca negra y esponjosa como un copo de algodón del tamaño de la ópera de Sidney y me metí a girar, la música una ópera interna matizada con sonidos de mi amigo sopla brisa y del mar.
Así me quedé un buen rato girando, rebotando, gigantemente planeando en un nueve sostenido que ahora anhela volverse un diez y en el sueño blando hacerse invisible a gusto mientras deambula por corrientes aéreas andando hacia todas partes olvidando llevar la cuenta y erosionando la vanidosa y gastada superficie de la esfera terrenal.
La cuarta vez me llevé un buen susto cuando una maraña gigante de monstricos de vello púbico amenazaba con aplastarme y tragarme, como la bola de la película Critters, esta vez ya me había robado unos tennis Pegaso de carrera larga y anti púbica.
Ya en la séptima carrera una preciosa bola de cristal emergió como moco aguado de uno de los miles de orificios en la madera que había quedado pudriéndose a la orilla del mar. Sólo me pregunté quién sería el sopla cristal; un pez con pulmones de superhombre, una tortuga con gripa o una pandilla de gorgojos sopladores. entonces boté mis Pegaso a la boca del mar y me dedique a respirar y soplar en contravía a la brisa
Octavo intento y me hice amigo del viento entonces me invito a jugar, juntamos pedacitos de pluma de cuervo y gaviota que nos regalaban cuando bajaban y les ayudábamos a cazar. Construí un Kiosko de papel de madera podrida y comenzé a modelar pluma en forma de esfera
A la novena vez al fin tuve mi gran esfera blanca negra y esponjosa como un copo de algodón del tamaño de la ópera de Sidney y me metí a girar, la música una ópera interna matizada con sonidos de mi amigo sopla brisa y del mar.
Así me quedé un buen rato girando, rebotando, gigantemente planeando en un nueve sostenido que ahora anhela volverse un diez y en el sueño blando hacerse invisible a gusto mientras deambula por corrientes aéreas andando hacia todas partes olvidando llevar la cuenta y erosionando la vanidosa y gastada superficie de la esfera terrenal.
sábado, 12 de marzo de 2011
CALLE, NOCHE Y CORAZÓN DE LIMA

12 de la noche y un silencio estridente, tras ver la locura esfumarse como fantasma políglota dejándome lleno de interrogantes y con ganas de verla nuevamente, camino con soledad de regreso a casa y una bella aparición surge frente a mi recordándome que hay una mecánica cósmica que gobierna todo lo que siento, pienso y creo creer, todo lo que se se posa en el camino. Son frases de extraños que escuchas cuando pasas junto a ellos y te calan, son corazones inflables que caen frente a ti y fragiles se deslizan bailando con la brisa que viene de lejos montando el mar, evitan los carros, y mueren en la basura antes que atropellados, son melodías vacías y miles de pasos que conducen simplemente a la deriva recordandote estar vivo, son esas cosas que casi nunca notamos, cuando las aprecias empiezas a reconocer tu lugar y a verte como una simple canción sin final escrito sonando en cualquier calle a las 12 de la noche.
No hay más que eso, reconocer la belleza y sumergirse en ella, el mundo es mareavilloso, sólo queda seguir, levantar la mirada de frente al sol, hacer maleta y caminar por los senderos mágicos hacia cualquier lugar.
LIMA LIMÓN, GRACIAS.
VIDEO: http://www.youtube.com/watch?v=D7hLQeydU2A
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