sábado, 10 de marzo de 2012

FUEGO EN EL EDIFICIO (Publicado en Siete Borreguitos, Buenos Aires - Argentina noviembre de 2011)

Hay ruidos en casa. A veces me asusto de pensar en sangre, muerte o maldad, pero como todo son puras especulaciones, nada de lo que pretenda salvar va a a estar a salvo si no me atrevo a mirar el terror a los ojos y seguir soñando. Son doce horas de luz y doce de oscuridad, al menos cuando estoy en un día seguro y de espiritu estable.

Hay ruidos en casa; el viento susurra su silbido sinestro, los platos se mueven en la cocina y los vidrios hablan con voz propia. Adentro de la cabeza un terremoto de ideas turbias se pasea cuando es hora de dormir. El tiempo deja de ser tiempo cuando no sabes en qué confiar. Hay ruidos en casa y la cerradura de la puerta se averió, un asesino en serie podría entrar esta noche y degollarme de placer masturbatorio mientras duermo, hay noches más oscuras que el sonido del silencio reflexivo y justiciero, entonces ni la frazada más blanca puede arroparme de tranquilidad hasta que logre poner en su lugar cada plato en la cocina, cada ruido en las ventanas y hasta que el silbido siniestro se convierta en caricia de espíritu tras renunciar a lo innecesario y sacar la basura de la casa.

Sí tu vecino está en llamas mejor déjalo quemar, no sacrifiques tus zapatos sí el no quiere caminar, a veces el renunciar no significa abandonar, por el contrario es una trascendencia evolutiva y personal; sales caminando del edficio en llamas, el vecino sólo podrá salvarse a sí mismo cuando logre dejar sus preciados bienes atrás en la hoguera. Cada uno lleva adentro su calvario, cada uno es dueño de sus miedos e inseguridades, no te cargues con sobrepeso sólo por querer esperar hasta que tu vecino se ponga a salvo.

Hay ruidos en casa y no van morir hasta que decida apagar los ojos con calma para seguir soñando, hasta que concilie mi voluntad y mis actos, hasta que respete mi individualidad. Sí el vecino quiere seguir con miedo es cosa suya, ya lo invité varias veces a tomar café, ya lo escuché mil veces hablar de intenciones pero pocas acciones he visto a la hora del la lucha diaria. Sí me quedo esperando me quemo con él y no estoy dispuesto a morir en llamas si puedo salir firme del incendio. Tampoco de nobleza jugaré al heroe porque el vecino testarudo anda atando sus pesados muebles a su mochila, anda tratando de llevar todas sus fotos del pasado y la ropa vieja mientras el fuego consume su casa y su corazón.

Cuando duermes mutas de cuerpo y viajas entre dimensiones, no necesitas llevar nada más que tu esencia vital. Entonces organizo mis platos y le abro la puerta al viento que me besa, el temor irá desapareciendo en cuanto vaya saliendo del edificio y simplemente espero que algun día mi vecino se haga amigo del fuego antes de terminar de consumirse entero entre sus penas y cenizas, entonces me invitará un café caliente y lo pagaré con un abrazo. Yo descansaré tranquilo esta noche, mi espíritu está de nuevo nadando en calma y paz.

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