sábado, 10 de marzo de 2012

DEL CIRCO DE LA LUNA MULTICOLOR, LOS MACHOS (Publicado en Siete Borreguitos - Buenos Aires Argentina, febrero de 2012)

Todos van al circo de la luna multicolor en un sórdido bar, en una calle oscura en el barrio donde todos anhelan ir a encontrar una dosis de placer hedonista cualquier día en la semana. Hoy es martes, hace calor, demasiado para la gente de la montaña, de pronto por eso allá arriba tienen más dura la piel; las cucarachas buscan los lugares más cálidos y oscuros.



El volumen alto de los parlantes en el bar impide que las personas se escuchen al hablar entre si, por eso están obligadas a bailar bien cerquita y gritarse al oído, por donde entra el aire de boca ajena cabalgando los decibeles de la música, consiente esos pelitos diminutos y hace cosquillas ricas, al final llega al cerebro moviendo frágiles fibras que estimulan diversas latitudes del cuerpo. Igual el exceso de palabras pierde relevancia, entonces hay que ser lo mas breve y enfático. Mientras tanto el sudor fluye libre por los poros humectando la piel y enlagunando otras superficies corporales; se suma la humedad propia de calor y el sudor se hace río y muchos ríos llegan al mar que está en la pista. Allí donde se rozan los cuerpos y se hace del baile el ritual más infame y delicioso.



Todos como raritos de circo; unos con los ojos cerrados volando con la música hacia coloridos universos fractales sin darle importancia a si existe alguien más en el mundo de los ojos abiertos. Otros moscos ebrios saltando de un lado a otro buscando el que les busque problema. Otros como vampiritos buscando víctimas, deliciosas venas y la posibilidad de lamer nuevos ríos de sudor y demás fluidos; algunos lo consiguen, otros consiguen al menos saborear los labios de otra persona en busca de lo mismo.



Aires libidinosos inundan a atmosfera del recinto; se buscan y se encuentran miradas, se acechan y se rechazan manos, palabras y dosis de baile mientras algunos en el baño aceptan dosis de velocidad y aguante para tolerar el vertiginoso ritual. Otros ya van de a dos y sólo bailan entre ellos, ella se le cuelga a él y casi follan con ropa durante toda la noche, como si su mayor placer fuese el atraer miradas. Hay quienes van solos y no les importa; esos son de mis favoritos, bailan toda la noche sin prejuicio y si terminan o no con alguien les da igual. Están los ansiosos que no paran de fumar y tomar porque no encuentran qué diablos hacer con las manos. Los hambrientos lobos (menos elegantes que los vampiros) que parece que fueran a morir si no hallan comida y los pescadores que van de lado a lado del mar buscando pescar el amor de esa noche. Están los que terminan relegados por la fuerza centrifuga y acorralados contra la pared buscan moverse con alguna gracia digna o simplemente apoyarse con estilo esperando a ver del otro lado de la pista una chica hermosa y de apariencia solitaria mientras comienza a sonar Atomic de Blondie y se deciden a cruzar la pista e invitarle un trago, irse con ella o al menos hablarle, cada circo una película. Otros bailan entre amigos radiantes standard sin pretender más que acabarse el coctel y esperar la siguiente canción para bailar hasta que acabe la función; estos últimos no buscan nada pero a veces los peces caen del cielo.



Está el Más. El que huele a James Bond o en su defecto a Bob Marley, pero en ambos casos atraen la mirada de todas las hembras presentes quienes bailan alrededor diciéndoles con sus cuerpos cómeme despacito papasito. Ellos simplemente miran con sus ojos seductores y hacen sus pasos machos alfa relegando a los pequeñitos, gorditos, a los flaquitos o a los más raritos que intentan seguir pataleando para no ahogarse.



Así transcurren seis o siete u ocho horas, depende de cada cual cuando termina su función. Unos se van tristes jurándose perdedores, otros con un número nuevo en el celular, otros no pueden ni irse y a otros se los llevaron antes, unos tienen los dientes llenos de sangre, otros las redes vacías, algunos lobos han muerto esa noche pero otros van con su presa a la guarida. Unos no tienen a donde ir y sus ojos hechos sólo pupila buscan seguir de noche mientras les llega el sueño.



Al amanecer hay más hoteles llenos, hay más carros con los vidrios empañados y más departamentos con ropa tirada en el suelo. Hay más olor a sudor y rostros decadentes y reales. El bar queda vacío, la luna multicolor le da paso al sol bombillo y unos cuantos hombrecitos limpian los ripios de mar y preparan el recinto circense para la función de la noche siguiente.

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